martes, 19 de agosto de 2014

Naturaleza asesina



Cuando Angie llegó a la empresa lo hizo envuelta en una aureola de curiosidad, misterio y algo de recelo. Aún así, casi todos los empleados de la fábrica de textiles pensaban prácticamente de la misma manera, que posiblemente todo lo que se decía de la nueva directora de recursos humanos era falso. Sino, pensaban, ¿cómo iban a permitir los altos cargos de la dirección general que ocupara un puesto tan relevante en la planta de Barcelona? Quizás la más importante de todas cuantas la compañía tenía funcionando en Europa.

Probablemente se trataba de un bulo, de una mentira interesada creada para provocar un ambiente de hostilidad a su llegada, para que no se encontrara cómoda en su nueva ocupación teniendo en su contra la simpatía de la plantilla trabajadora. ¿Pero quién o quiénes estarían interesados en crear falsos testimonios en su contra y por qué? Esas eran las preguntas que corrían por aquellos días de corrillo en corrillo de trabajadores. Algunos comentarios comenzaban a circular poniendo nombre y apellidos al divulgador, señalaban a un modisto canario del mismo pueblo del que era natural el difunto marido de la nueva responsable.

Por otro lado, de igual manera a todos extrañaba que ocupara esa posición sin experiencia anterior. Nadie tenía constancia de que procediera de otra factoría de la compañía, ni de otro ramo relacionado con la industria textil, ni siquiera se le conocía un cargo de responsabilidad en común con su nueva situación profesional. Demasiadas suspicacias para tan pocas respuestas, lo que provocó algunas suposiciones que colocaban la influencia directamente en la oficina del director general, concretamente a petición de un amigo muy influyente en el mundo empresarial de la ciudad, con el que la cuestionada podría mantener una relación sentimental encubierto, lo que arrojaba más morbo al asunto.

Muy pocos la mencionaban por su nombre, el mote de la Viuda Negra recorría los talleres de boca en boca como si pronunciar el nombre de Angie fuese sinónimo de superstición, de tabú, así como tampoco dejaban de mirar hacia todas partes cuando se referían a ella por temor a que pudiera aparecer por sorpresa y sorprenderles calumniándola, o no, porque era tanto y tan cruel lo que se hablaba a sus espaldas que hasta parecía imposible que una mujer de su apariencia, tan delicada y sensible, pudiese cometer tantas maldades como se le atribuían. En lo único que coincidían todas las habladurías era en su frialdad, en su capacidad para manipular a cualquier hombre, haciendo de ellos lo que se propusiera.

A Emma le causaba tanta perplejidad como rechazo por todo lo que se decía de ella, solo la había visto en una ocasión, una semana antes, cuando fue presentada personalmente a la plantilla, entonces no le dio más importancia que la que tenía, la de un nuevo miembro perteneciente a la dirección de la empresa y no destacó en ella nada especial, si acaso observó algo llamativo eso fue positivo, le pareció una mujer elegante y de modales exquisitos. Por lo demás nada diferente, la misma percepción y el mismo concepto que tenía de cualquier otro superior, el de pertenecer a otra escala laboralmente por encima y por consiguiente otra casta con la que normalmente no se llegaba a tener otras relaciones que no fuesen las necesarias y puramente relativas al trabajo. 

Sin embargo, el día que Cristina, su compañera de máquina, le contó lo que se comentaba quedó embargada por el estupor, ni más ni menos que cualquier otra persona que escuchara los hechos que se le atribuían, nadie podía quedar indiferente al chismorreo existente y por supuesto ella tampoco, que quedó influenciada sobremanera. Tanto fue así que radicalmente le cambió el concepto que había recibido en la impresión primera. Las habladurías tachaban a la Viuda Negra de personaje siniestro, de asesina entre otros calificativos. Aseguraban que su falta de escrúpulos era lo que la había aupado no solo hasta el puesto profesional que disfrutaba sino que, además, su naturaleza despiadada le reportó tanto dinero como para no tener que trabajar nunca más en toda su vida, lo que multiplicaba la desconfianza hacia ella cuando se discutía sobre cuál sería la meta que perseguía, si cualquiera se hubiese conformado con lo heredado de su difunto marido, claro que lo que se decía no eran más que suposiciones, la historia ni era toda cierta ni estaba completa.

Cuando Daniel conoció a Angie en unas vacaciones en Ibiza quedó prendado de sus encantos y no dudó ni un momento en dejarse arrastrar por sus sentimientos. Era la historia de una joven relaciones públicas de un conocido restaurante en la turística isla balear que en poco tiempo supo ganarse la confianza del adinerado cliente canario, que no tardó en proponerle matrimonio. Se casaron y fijaron su residencia en la canaria isla de Las Palmas, donde ella comenzó a regentar el afamado hotel y la galería comercial propiedad del marido. 

No tardaron en aparecer los problemas cuando él descubrió que no procedía de una económicamente bien posicionada familia alicantina, ella le había mentido, en realidad era hija de un honrado y humilde trabajador del taxi. Tampoco fue bien aceptada por la familia de su marido, que veían en ella a una persona de quien no fiarse, comenzaron a desconfiar de ella desde el primer día, más todavía cuando misteriosamente Daniel comenzó a enfermar sin que los médicos encontraran una causa que provocara el malestar, que poco a poco le fue debilitando hasta que una tarde lo encontraron sin vida y desnudo a los pies de la cama en una de las habitaciones del hotel, destinada exclusivamente para clientes.

La repentina y misteriosa muerte del marido la dejó en una posición económica envidiable, porque no solo heredó la empresa hostelera y el centro comercial en los bajos del edificio sino que también fue beneficiaria de un seguro de vida cuyo importe era superior al valor de todos los negocios heredados. La situación para Angie se tornó hostil, que quedó bajo sospecha de ser la causante de la muerte de su marido, desde todos los frentes, ante la familia, la compañía aseguradora y la propia policía, que no halló ni una sola prueba o indicio de que pudiera tratarse de un crimen cometido por la propia viuda.

Acorralada por todos decidió vender sus propiedades en la isla y abandonó el archipiélago canario. Cambió de aires y se afincó en Barcelona. Compró una vivienda de lujo y comenzó a relacionarse con lo más granado de la sociedad barcelonesa, con un nivel de vida por todo o alto. No escatimó en gastos, vistiendo de las marcas y diseñadores más afamados, adquiriendo joyas de las joyerías más renombradas de París, viajes por toda Europa y hospedajes en los mejores hoteles; fue tanto el despilfarro económico que no le quedó más remedio que buscar un empleo, al año de recibir la herencia ya no le quedaba en sus cuentas bancarias más que números rojos. Fue entonces cuando conoció al empresario que la recomendó al director de la fábrica.

Desde entonces ya habían pasado varios meses y los rumores sobre la directora de Recursos Humanos se fueron apagando de la misma manera que se propagaron de boca en boca a su llegada. Todos se habían acostumbrado a su presencia y ya pocos mantenían la sospecha de que algo de cierto pudiesen tener las habladurías que tiraban por tierra su honorabilidad e inocencia cuestionada. Pero de nuevo otro rumor avivó las ascuas de su particular hoguera maquiavélica, la noticia de la muerte en extrañas circunstancias de su supuesto padrino protector, el influyente empresario que la recomendó. Su cuerpo sin vida fue encontrado en un apartamento de su propiedad, en parecidas circunstancias y condiciones en que fue hallado Daniel, desnudo y a los pies de la cama.

Ni que decir tiene que la noticia corrió como la pólvora, ratificando de hecho todas las suspicacias que ya existían en su contra. Pocos quedaron ya ajenos a la creencia de su culpabilidad. Sin embargo, tampoco en esta ocasión pudo encontrar la policía rastro alguno de que pudiera tratarse de un crimen. A todas luces se trataba de muerte natural, eso sí, sin causas aparentes que lo justificara. Para Emma todo aquello parecía como el guión siniestro de una película de terror, aunque por otro lado le costaba creer en la doble personalidad de aquella aparentemente dulce mujer, por la que en ocasiones sentía tristeza y pena, creyéndola inocente de todo lo que los rumores la acusaban.  

A partir de aquel suceso extra-laboral, que no tenía relación directa con la fábrica, Angie comenzó a dejarse ver más a menudo por la sección de talleres, lo que levantó suspicacias y nuevos comentarios. Mientras que unos pensaban que tras haber muerto su protector tenía que esforzarse por mantener su puesto laboral, otros opinaban que su intención no era otra que la de ganar simpatías después de tantas sospechas sobre su persona. Y ni uno ni lo otro, como se vería con el tiempo, su intención era otra bien distinta.

Si ya de por sí era agradable al trato, Angie se multiplicó en simpatías hacia los trabajadores, especialmente con Emma y Cristina, a las que había elegido como sus próximas víctimas. De Cristina no necesitaba colaboración directa, por lo que solo se limitó a asegurarse de que era la persona correcta para utilizar en su macabra estrategia; en cambio con Emma fue diferente, fue ganándose su confianza hasta que desterró de su pensamiento la mínima sospecha de que existiese algo de cierto en todo lo que se decía de ella. Emma estaba encantada con el trato de Angie, en la que había encontrado la amiga que nunca tuvo.

La vida le sonreía, todo parecía llegarle como anillo al dedo, porque además de la amistad con su superiora había comenzado una relación sentimental con un hombre de nacionalidad francesa. François se interesó por ella desde el primer momento, cuando coincidieron por primera vez en la red social que los dos frecuentaban. Internet le había abierto las puertas del amor y no solo eso sino que además, de ofrecerle constantes muestras de cariño, parecía tratarse de un importante hombre de negocios muy bien posicionado entre la sociedad parisina.

Emma estaba feliz y eligió a Angie como confidente y consejera, que fue conociendo al mínimo detalle todo lo relativo a la relación amorosa. La Viuda Negra había decidido poner en marcha su plan, no contaba con la aparición del francés pero analizando la situación pensó que no sería un obstáculo sino todo lo contrario, sin esperarlo podía matar dos pájaros de un tiro en la misma jugada. Pero no tenía tiempo si quería que todo saliera bien, el calendario corría en su contra y cuanto más avanzada fuese la relación entre François y Emma más complicado resultaría para sus intereses.

Para la directora de Recursos Humanos no le fue difícil hacerse con todos los datos personales que necesitaba. Indagó tanto en su vida personal que tampoco le costó mucho esfuerzo en suplantar la identidad de la propia Emma, El parecido físico de ambas fue una de las características principales por la que la escogió como víctima, por lo que solo necesitó una peluca, algo de maquillaje, imitar su firma sin levantar sospechas y poco más.

Comenzó por contratar un seguro de vida a nombre de la propia Emma usurpando su identidad, pero para no levantar recelos puso de beneficiaria a una tercera persona, a su amiga Cristina, a cuyos datos personales también tuvo fácil acceso en los ficheros de la empresa. Pasados unos días invitó a Emma a cenar en su casa con la excusa de proponerle un asenso profesional en la compañía, a lo que aceptó gustosamente. Para tal efecto alquiló un apartamento por un solo día también a nombre de la propia víctima, a la que durmió con somníferos en la bebida. Una vez inconsciente le ató una bolsa de plástico en la cabeza y la asfixió, la desnudó y vertió sobre ella restos de semen de dos gigolós a los que días antes había contratado con la única intención de que eyacularan en una probeta. Limpió todas  las huellas sin dejar rastro de ningún tipo y tras meter la ropa de Emma en una bolsa se marchó con ella del apartamento.

Dos días más tarde encontraron el cuerpo de Emma sin vida y desnuda, lo que se intuyó como un claro caso de asesinato sexual, cargando todas las culpas sobre los dos gigolós. No existió problema alguno en que la aseguradora ingresara el dinero en la cuenta bancaria que Angie había creado a nombre de Cristina para tal asunto exclusivamente. Nada ni nadie la relaciono con el suceso ni el cobro del seguro. Por supuesto que tampoco dejó de comunicarse con François, haciéndole creer que era la propia Emma.

Pero llegado a un punto de la relación Angie dudó en continuar utilizando la identidad de Emma, tarde o temprano tendría que encontrarse con él personalmente y de seguir así resultaría más complejo para desarrollar su plan, por lo que le descubrió al pretendiente francés su propia personalidad, excusándose en que le había mentido por cuestión de seguridad, por la protección de su propia intimidad. Para François fue una sorpresa, que no solo entendió sino que también recibió encantado, pues había ganado en el cambio, se trataba de la misma persona pero con mejor posición económica y profesional.

Pasaron varias semanas desde la revelación de identidad de Angie y a los dos le entraron de repente unas ganas desorbitadas de conocerse personalmente por lo que él tomó la iniciativa de desplazarse a Barcelona por un par de semanas. Ella lo acogió en su casa y todo se desarrolló como en un cuento de hadas, en el que no surgió ningún inconveniente, al contrario, tanto él como ella tomaron la decisión de contraer matrimonio lo antes posible y regresar los dos a París convertidos en matrimonio.

Angie se las prometía muy felices, había descubierto un auténtico filón de oro en su mina particular. Su flamante marido era propietario de varias empresas relacionadas con el automóvil en Francia y por ende también propietaria al contraer matrimonio sin repartición de bienes gananciales en caso de divorcio, pero ella no pensaba en separarse y arrebatarle la mitad de la fortuna sino que su ambición iba más allá, estaba decidida a quedarse con todo y para tal efecto comenzó a preparar su próximo crimen.

Pero claro, acostumbrada a actuar siempre como victimaria y confiada en sus éxitos anteriores, no se le había ocurrido pensar que también François podría compartir con ella su misma naturaleza, la de un despiadado asesino, ni que también tuviese preparado su particular plan siniestro. También él tenía como única meta adueñarse de su fortuna y en esta ocasión le había ganado la vez, iba por delante de ella y no tuvo la más mínima sospecha de que en esta ocasión era a ella a quien le tocaría el papel de víctima. Eran tal para cual sin saberlo, la horma de sus zapatos, y el destino los había situado como concursantes en un macabro juego que ganaría el más avispado de los dos.

Tampoco François era quien decía ser. Cuando conoció a Emma no le dio más importancia que la que se le pueda dar a una aventura sentimental sin pretensiones, más allá que la que puedan tener dos desconocidos que simpatizan en las redes sociales sin posibilidades de llegar a consumarse como una relación seria. Pero la revelación de identidad de Angie hizo que se le encendieran sus malvadas luces y comenzara a maquinar una estrategia que ya estaba desarrollándose en el último tramo del proceso. Su marido no era el adinerado hombre de negocios titular de tantas propiedades que decía ser sino su secretario particular que hacía las veces de recadero. Cuando su jefe le comunicó que se ausentaría de la ciudad por un tiempo también le propuso adelantar las vacaciones, pues durante ese periodo no necesitaba de su colaboración, y fue entonces cuando pensó en sacarle rendimiento a las circunstancias y, aprovechando su libre acceso al despacho del jefe, se apresuró en hacer una copia de llaves de su casa, sabía que quedaría deshabitada por ese intervalo de tiempo y podría utilizarla como escenario principal donde sorprender a Angie.

Como era de esperar, a la llegada a París ella quedó sorprendida por la mansión donde suponía iba a vivir con su marido hasta que se deshiciera de él, para después pasar a convertirse en la única propietaria, en cambio François no perdió el tiempo, faltaban sólo dos días para el regreso de su jefe y para entonces todo debería de estar resuelto. Aquel mismo día, como hiciera en varias ocasiones anteriormente, tomó el teléfono de Angie y, aprovechando que estaba en la ducha, llamó a su jefe para que, como acordaron antes de su partida, le pusiera al tanto de algunos asuntos y le informara respecto a la documentación que debía de preparar a su llegada.

El día siguiente resultó agotador para François con tanto trajín macabro, pero tal y como tenía previsto todo quedó preparado para la llegada de su jefe en las próximas horas, no dejó ni una sola huella que delatara su paso por la casa. A continuación puso en marcha el dispositivo final llamando a la policía y denunciando la desaparición de su esposa, que sospechosamente relacionaba con su jefe, revelándoles como prueba que había encontrado reflejadas en la memoria de su terminal varias llamadas realizadas al número de teléfono de su superior.

Solo tuvo que esperar un día más para ver cómo los noticieros de todo el país abrían con la misma noticia en portada. Habían detenido a un importante hombre de negocios acusado de ser el asesino en serie que llevaba varios años aterrorizando a los parisinos con sus crímenes. Habían hallado en el sótano de su casa y dentro de una maleta el cuerpo descuartizado de la esposa de su secretario.




Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
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