domingo, 25 de mayo de 2014

En busca de la felicidad


Recordaba aquellos tiempos pasados cuando sólo era un adolescente con ansias de conocimiento, de descubrir sensaciones nuevas en cada aspecto de la vida, con un montón de interrogantes que se apilaban junto a cada cuestión planteada. Nada como la experiencia, escuchaba decir a todos los que creían dominar las estrategias mundanas, nada como la sabiduría que dan los años vividos, nada como los tropiezos y errores cometidos para sacar conclusiones y aprender.

Pero ¿cómo dejar pasar en balde los años?, se preguntaba, con el único propósito de acumular experiencias para poder obtener la sabiduría de las vivencias. Tan curioso como impaciente se resistía a seguir las normas naturales ya establecidas del conocimiento, quería adelantarse a todo eso, llegar a acumular cuanto antes todos los condicionantes necesarios para considerarse un hombre sabio, equilibrado, justo, así como alcanzar el cenit en el desarrollo de los sentidos, de los sentimientos del alma; en definitiva, lograr la satisfacción plena sin esperar a que llegara por sí sola. Y se propuso provocar su venida para poder empezar a disfrutarla lo antes posible.

Fue entonces, cuando descubrió a Aristóteles, que a partir de ese hallazgo filosófico pasó a convertir las éticas en propias premisas, volcándose en hacer de los conceptos y planteamientos del filósofo griego su propia hoja de ruta en la vida. No estaba dispuesto a caminar a ciegas por sí solo y decidió hacerlo apoyándose en las decisiones de los demás, aprovechando así la luz ajena para guiarse a cada paso que debiera dar.

Siguió al pie de la letra los antiguos preceptos y concluyó en basarse en las deducciones del propio Aristóteles, cuestionándose cuál es el fin último del hombre, del ser humano, y observó que todo el mundo lo llamaba felicidad. Subrayando que el mismo concepto puede diferir entre las personas, haciendo de ella algo propio de cada uno muy difícil de arrebatar. La felicidad, la máxima meta en alcanzar, contiene ingredientes diferentes para cada cual.

Toda su existencia tomando como referencia  los pensamientos del sabio, haciendo distinción entre tres tipos de vida: la sensible, la política y la contemplativa, pero olvidándose de sus propias conclusiones, siempre dejándose llevar por cuestiones técnicas, por pareceres lógicos en otros, tomando decisiones de los demás para administrar sus propios intereses, su propia vida, lo que le llevó a olvidarse de sí mismo y a sentirse frustrado, fracasado.

Hasta que de nuevo se rebeló, pero esta vez fue contra su propia creencia, y mandó al traste con todo el manual filosófico en el que se había apoyado durante tantos años. A partir de ese momento se prometió dejar de guiarse por los pensamientos de los demás y comenzó a decidir por los suyos propios, dejándose aconsejar por su experiencia, por su intuición, por los dictados de su corazón, hasta descubrir que lo que tanto tiempo estuvo buscando se hallaba muy cerca, en él mismo, en su propio yo.                       





Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
Tienda de libros de Antonio Torres Rodríguez en Amazon

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sea respetuoso!! Esa será la única condición para que los comentarios aparezcan publicados en el blog.