sábado, 12 de abril de 2014

La profecía



Había ido muy temprano y con especial interés a comprar el diario de la mañana, estaba expectante e ilusionada desde que se enterara varios días atrás de la promoción especial que el rotativo de la ciudad ofrecía a sus lectores. Se cumplía el primer aniversario de su creación y para tal conmemoración regalaban con la edición de la mañana un ejemplar reproducción del original número uno, una copia idéntica en papel color sepia de aquel primer diario que saliera a la venta un siglo atrás. Aquella iniciativa publicitaria había resultado productiva, todo un éxito, porque de haberse descuidado unos minutos se habría quedado sin el ejemplar deseado. Los ciudadanos se agolparon desde tempranas horas alrededor de los puntos de venta del diario y en un santiamén se agotó la tirada especial.

Telma regresó contenta y con dos diarios, el habitual de la mañana bajo el brazo, como dejando a un lado a la actualidad, y con la edición especial entre las manos, absorta mirando su portada. Todo le resultaba fascinante, desde las noticias a su contenido, la manera de redactarlas y sus titulares, tan llamativos como curiosos. Llegó a su casa y dejó el de la mañana sobre un sillón como si la actualidad no le interesara mucho, en cambio la reproducción especial la puso con esmero sobre la mesa, con mucho mimo, tratando de que no se doblara ni arrugara en demasía por el uso. Como si se tratara de un ejemplar auténtico y original de aquella época y se sintiese obligada a desplegar sus páginas con delicadeza.

Miraba cada detalle de la portada una y otra vez, degustando el sabor de lo novedoso, de lo desconocido, tratando de alargar el ilusionante deseo de comenzar a desplegar sus páginas y empezar así a descubrir un mundo de fantasía, el de otro tiempo, el de adentrarse en los entresijos de una sociedad inexistente, ya desaparecida. Era como volver un siglo atrás en el tiempo a través de lo impreso en el papel.

Nada quedaba ajeno a su curiosidad, el tipo de letra, los dibujos que ilustraban algunas noticias y los anuncios publicitarios, y las fotografías, en las que se recreaba observando cualquier cosa, las calles, los vehículos, la vestimenta de las personas, las fachadas de los comercios... Hasta buscaba en cada uno de los viandantes el parecido físico con alguno de sus familiares ya desaparecidos y que pudiesen haber pasado por delante del objetivo del fotógrafo en aquel justo momento para quedar inmortalizado en la instantánea.

No dejó ni un solo titular descuidado y cuando llegó a la contraportada regresó de nuevo al principio para adentrarse en cada uno de los artículos. Le había atraído especialmente una noticia llamativa en el apartado local, la relacionada con un robo días antes de la publicación. Se trataba de un libro original sustraído del Museo de Historia de la cuidad, una pieza única del siglo XVI con un valor incalculable. Un ejemplar de la primera edición de las centurias de Nostradamus. A Telma siempre le atrajo sobre manera todo lo relacionado con las ciencias ocultas y tratándose del célebre astrólogo francés colmó de curiosidad su fantasía, por lo que se sumergió de lleno en lo acontecido.

El texto narraba con toda clase de señales el hurto, tanto que más bien parecía la sinopsis de una película de serie negra, de ladrones de guante blanco e intrépidos detectives en busca de recuperar lo substraído. Sin embargo, todo estaba en suspense, no existían detalles algunos ni de cómo se llevó a cabo la operación ni mucho menos de la identidad de los ladrones, todo quedaba envuelto en un sin fin de misterios por resolver. La única evidencia clara era la falta del manuscrito del estante en donde se exhibía. Era una historia fantástica que la abdujo del interés por el diario y las noticias de antaño para centrarla totalmente en todo lo relacionado con las profecías.

Se acordó entonces del libro que había adquirido varios días antes en un mercadillo de antigüedades y que todavía no había comenzado a leer. Era una novela también relacionada con Nostradamus, aunque en principio parecía pura ficción. Se levantó del asiento y se acercó a los estantes donde descansaban sus libros. Lo cogió y observándolo a grosso modo se fue a sentar de nuevo en su sillón preferido. Cuando lo compró fueron tres los detalles que llamaron su atención, además de por su antigüedad, que calculaba de un siglo aproximadamente, y de que estuviese relacionado con el mundo de las profecías de Nostradamus, fue especialmente porque estaba escrito de puño y letra y sus acartonadas y gruesas páginas estaban cosidas a modo artesanal, lo que le hizo pensar que podía tratarse de un ejemplar único.

Comenzó a leerlo y desde la primera página quedó sorprendida, la historia que contaba era la de una joven que el autor situaba en el futuro, en lo que podía identificarse con el presente, pero esa no era la única curiosidad sino que además la protagonista se llamaba Luisa T., podría haber pasado desapercibido para Telma a no ser porque su verdadero nombre era compuesto y aunque nadie le llamaba por el nombre de su abuela, Luisa, sí quedaba recogido en el registro oficial de nacimiento. Continuó leyendo y según iba pasando páginas más puntos en común iba encontrando con ella misma, con todo lo relacionado con lo vivido en los últimos días, concretamente desde que comprara el libro.

Era tanta la coincidencia que le resultaba imposible que pudiese tratarse de simple casualidad. Entonces dejó por un momento la lectura y comenzó a interesarse por el autor, buscando información en Internet relacionada con su nombre. Tuvo que adentrarse en la hemeroteca del propio diario, en sus inicios, para encontrar algunos datos sobre él. Se trataba de un personaje extraño que creaba con sus profecías tanta expectación como burla, pero poco más. Nadie le daba crédito a sus predicciones y era tratado por la sociedad de la época como un friki.

Continuó de nuevo con la lectura del libro y a cuanto más se adentraba en la historia más claro evidenciaba lo vivido por ella misma días atrás, tanto fue así que conociendo los acontecimientos que vendrían seguidamente, los de su propia existencia, dejó de prestarle atención al propio desarrollo de la novela para centrarse en el resultado final. La intriga se había aliado con la impaciencia y necesitaba conocer qué pasaría en el desenlace, lo que era lo mismo que conocer su futuro inmediato.

Las últimas páginas de la novela narraban con todo lujo de detalles todo lo experimentado por ella misma desde que adquirió el ejemplar conmemorativo del diario y la noticia del robo del museo, hasta el interés suscitado tanto por el libro que tenía entre sus manos como por la identidad del propio autor. Todo terminaba en las dos últimas frases con un final feliz, con el hallazgo del manuscrito robado del museo, cuya protagonista lectora encontraría. Pero aquellas últimas frases no coincidían con la realidad, había terminado de leer la novela y el manuscrito substraído no aparecía.

Entonces pensó en releer las palabras finales tratando de encontrar una clave oculta que pudiera ayudarle a desvelar el misterio. Y leyó: "...Y siguiendo la pista, tirando y tirando del hilo, lo encontró". Fue entonces cuando se le ocurrió deshilachar el propio libro, con la sorpresa de que al hacerlo halló en el interior de las tapas otras de cuero marrón más antiguas, que parecían estar forradas por las de la propia novela, con un título diferente:  Les Prophéties de M. Michel Nostradamus.




Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
Tienda de libros de Antonio Torres Rodríguez en Amazon

4 comentarios:

  1. Si es buena la novela me intrige y me quede con ganas de seguir leyendo en hora buena gracias por este rato de lectura.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Sergio. Es un honor recibir comentarios como el tuyo, que ayudan a continuar esforzándome por contar nuevos relatos.

      Eliminar
  2. Sergio Rafael Martínez Vega16 de septiembre de 2014, 2:05

    " Se cumplía el primer aniversario de su creación "...." de aquel primer diario que saliera a la venta un siglo atrás ".
    De ahí rápido el suspenso y el interés de leerla.
    Intriga e interés del misterio del tiempo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Celebro que te haya gustado el relato. ¡Un abrazo, estimado Sergio!

      Eliminar

Sea respetuoso!! Esa será la única condición para que los comentarios aparezcan publicados en el blog.