sábado, 18 de enero de 2014

La nariz roja



Aquella pregunta que nació de su inocente curiosidad fue el origen de todo, cuando asistía boquiabierto al pasacalle que el circo recién llegado al pueblo realizaba como presentación ante la algarabía infantil y la alegría de los mayores. ¿Por qué los payasos tienen la nariz roja? Preguntaba agarrado de la mano de su madre ante la comitiva circense. Todo le causaba perplejidad e ilusión, el mono patinador, la cabra alpinista, los malabaristas, el hombre orquesta, pero nada atrajo más su atención que los payasos; el público reía a carcajada limpia con las mojigangas, con las ocurrencias ridículas que protagonizaban a su paso.

Pasaron varios años más desde aquella primera vez sin dejar de acudir ni uno solo a la presentación festiva callejera, siempre acompañado de su madre, a la que no dejaba de formularle preguntas, una tras otra y todas relacionadas con los payasos. ¿Porqué llevaban aquellos zapatones tan llamativos, y por qué no calzaban como los de ellos, más discretos y cómodos? A lo que la madre le respondía que eran parte de su traje, diferente al de los demás para provocar la risa. Y así sucedieron otras preguntas; ¿el porqué de las pelambreras de colores; si los payasos nacían con la cara blanca; si también había mujeres payasas y si ellas tardaban más en maquillarse; y los corbatones...?

Para todas las interrogaciones su madre le proporcionó una respuesta adecuada, e incluso cuando le preguntó por qué los payasos lloran cuando están a solas, como él pudo comprobar al observar a uno de ellos llorando, la mañana que se aventuró acercándose solo a los alrededores del circo y descubrió que los payasos también tenían lágrimas. Le respondió que los payasos y las payasas también llevan un hombre y una mujer dentro, como todas las personas.

Así, poco a poco, se fue haciendo amigo de los payasos, se sentía identificado con ellos. Él también lloraba a solas cuando otros niños se reían de él por estar gordito, por lo que siempre le relegaban al puesto de portero en el partido de fútbol que jugaban en el recreo del colegio, con la excusa de que no corría tan rápido como sus compañeros; por sus pequeñas pecas en la cara y el color de su cabello, rojizo como el pelo de las mazorcas; por su timidez; por no ser tan alto ni tan bajo como otros niños; y por otras pequeñas particularidades que lo hacían diferente a los demás.

Pasó el tiempo y creció, siempre con la idea fija en su mente de tener algún día una nariz como la de los payasos, él quería ser como ellos y mientras que llegaba ese momento, mientras tanto, se la pintaba con un lápiz de color rojo ante el espejo, donde los remedaba, los imitaba, descubriendo de esa manera que los niños también quieren a los payasos aunque se rían de ellos, por que, como su madre le respondió aquella primera vez en el pasacalles, a los payasos le salen las narices rojas porque quieren a los niños.



Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
Tienda de libros de Antonio Torres Rodríguez en Amazon

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