sábado, 10 de agosto de 2013

El sueño del pianista


-¡Qué mal se está de esta postura, con lo cómodo que se muestran en las películas! -exclamaba tumbado en la cama boca abajo, tratando de crear la letra para su última composición musical. Tantas ilusiones puestas en ella como en la primera, por aquellos tiempos de juventud en los que los sueños eran parte de un futuro esperanzador iluminado de estrellas, que bailaban al ritmo del son que sus ágiles dedos color canela hacían emanar de las blancas y negras teclas del piano.

Se incorporó y abandonó el catre con la canción entre las manos, en el papel, y en sus labios, llevando la melodía con la voz hacia el piano que abierto de teclas se ofrecía sensual como una amante al momento mágico de la armonía musical. Las notas y acordes fluían ensoñadores entrelazados en aromas y sabores del trópico, a canela y mango, de ron y caña... dulzor de guayaba. 

La maravillosa melodía se iba expandiendo por todas y cada una de las afamadas salas que en otro tiempo aplaudían y enviaban a los elegidos al firmamento estrellado, al ritmo de salsa y boleros, de mambos y cha-cha-chá, de rumbas y guaracha. El mundo se entregaba a su talento y el sueño de aquel joven que un día lejano salió de su amada isla se tornaba realidad, envuelto entre la gloria triunfal y el reconocimiento a tanto esfuerzo. 

Sumido en su exitoso y dulce sueño, un sonido electrónico salido de la computadora le avisaba de la entrada de un nuevo correo, que le desveló y le hizo abrir los ojos sin levantar los brazos entrelazados sobre el teclado, donde, dormitando, había tenido apoyada la cabeza. Miró el escritorio y, con el Malecón habanero de fondo, desplazó el puntero sobre el icono del correo, clicó en él, lo abrió y leyó el contenido. La invitación le emplazaba a participar en un nuevo concurso musical.

Aún queda tiempo, pensaba mientras estudiaba las bases concursales, quizás en otro momento. Continuó de brazos cruzados y en silencio frente a la propuesta, buscando en su memoria alguna de las composiciones archivadas que se prestaran a la adaptación exigida. Las melodías comenzaban a aflorar por su mente a la par que su mirada se distraía entre los diferentes objetos decorativos sobre los muebles... Se fue a detener sobre el retrato de su padre, en una imagen de antaño con clarinete en mano y elegantemente vestido para actuación de gala. De repente, como empujado por un impulso sobrenatural, se levantó de la silla y tomó el cuaderno de apuntes junto al lápiz, se dirigió a la cama y se tumbó en ella boca abajo, pensando en escribir la canción más hermosa jamás escrita.



Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
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