miércoles, 22 de mayo de 2013

Anatomía de una composición


Suzanne leía sosegadamente, sentada sobre la hierba fresca crecida a orillas del pantano de Giverny. El manto verde se extendía a los pies de la alameda entre los frágiles rayos solares del verano, temprano y cómplice de la luminosidad que rompía sobre los tonos blancos de las faldas quietas. El rascar de los pinceles sobre el lienzo sonorizaban la escena, entre la débil franja contrapuesta al claro que los sombreros campestres marcaban en las semblanzas femeninas y por la cálida brisa que jugueteando se colaba por entre los grisáceos troncos y las bicolores hojas de los álamos. 

...Y qué sería de mis mañanas si no te vuelvo a ver por entre los rosales con la gélida escarcha de las rosas en tus mejillas. Acariciando los pétalos aterciopelados que se fueron abriendo con el nuevo día, rodeadas de espinas dolientes que sangran al tacto de tu inocente dulzura.

Y cómo superar la ausencia de tus pasos, del taconear elegante y sereno que transita continuo por entre mis pensamientos, a veces plácidos y otros tantos inquietos, vulnerables, inseguros, que se agarran a la protección que tu presencia me brinda.

Y de qué manera encontraría el norte de mi existir si no tengo la brújula de tu sonrisa que marca el rumbo de mi corazón, que me guía y que me salva del naufragio existencial. Que me anima y me consuela, que me cobija y me defiende entre latidos.

Y adonde irían los deseos pretendidos en tantas noches de insomnio a la luz de tu luna, plateada y limpia, dormida... 

La quietud quedó alterada por la joven modelo que volcaba el libro sobre sus piernas cubiertas de blanca falda. Se quitó momentáneamente el sombrero de la cabeza y con el pañuelo adornado de bordaduras secó el sudor de su frente. Blanche continuó mezclando colores sobre la paleta, buscando el cromatismo, y sin perder la concentración dijo con apacible tono de voz::
-No te muevas...





Relato basado en la obra de Monet: "Suzanne leyendo y Blanche pintando en el pantano de Giverny"

Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
Tienda de libros de Antonio Torres Rodríguez en Amazon

viernes, 10 de mayo de 2013

El colibrí


La tarde transcurría especialmente calurosa en Managua. El sol de marzo y la humedad en el ambiente hacían de la ciudad un lugar casi irrespirable, una caldera por la que los habitantes transitaban a punto de desfallecer. Como el lagarto al sol, los managuas buscaban el respiro a las bondades del aire acondicionado y los ventiladores. 

Carlos se ocupaba en su casa al resguardo de las altas temperaturas, disfrutando del oasis interior ante el ordenador y entre el silencio apacible, monótonamente roto por el sonido que producía el motor del aparato en su afán eléctrico y constante de remover el aire de la habitación y por el percutir de sus dedos sobre las piezas móviles del teclado. Al otro lado de los cristales de la ventana sus hijos chapoteaban en la piscina ajenos al insolente sol que golpeaba sus cabezas entre juegos y zambullidas constantes; los observaba atrincherado desde su atalaya particular, en la que la temperatura exterior no daba tregua en su lucha contra las aspas del ventilador que no le permitían conquistar el espacio.

Atraído por el disfrute de los chiquillos abandonó momentáneamente su labor y acudió con ellos a compartir la piscina, que se mostraba rebosantemente alegre destellando sobre las alteradas aguas cristalinas que provocaba la algarabía infantil. Brazadas a un lado, brazadas hacia el otro, y, entre unas y otras, alguna ahogadilla por parte de los pequeños. Salió del agua y se quedó unos minutos secándose al sol entre los árboles frutales del patio. A poca distancia le llamó la atención un reflejo luminoso sobre la tierra y por curiosidad se acercó a comprobar lo que sutilmente brillaba a los pies del papayo. Era un pequeño colibrí, un huichichiquis, como diría en náhuatl un nativo. El pajarito parecía moribundo, con las alas extendidas, pero se agachó y al cogerlo con cuidado comprobó que estaba vivo, que todavía respiraba aunque con dificultad, probablemente desfallecido por el calor sofocante.

No medía más de cinco centímetros del pico a la cola, un animal tan hermoso y tan pequeñito, tan vulnerable a la vez. Un macho, pensó cuando observó el color azul de su cuello sobre el verde metálico generalizado de su plumaje. Por suerte para ellos cesó aquella moda de antaño en los que se cazaban por miles, millones, con el único propósito de adornar con sus plumas los vistosos sombreros que portaban las distinguidas damas europeas.

Pensando en tratar de reanimarlo se adentró en la casa y le sopló con suavidad en el piquito, le puso en él unas gotitas de agua y acto seguido lo soltó sobre la mesa del escritorio. Pasado un ratito el colibrí alzó su delicado vuelo y se fue a posar sobre la lámpara del techo. Carlos se acercó a la ventana, la abrió de par en par invitándole a recuperar su libertad, y el colibrí no rechazó su invitación; poco después inició su vuelo al exterior y fue a posarse sobre una rama del mango en el patio.

En ese justo momento sintió cómo un líquido frío le entraba por la garganta y le corría por el cuello hasta el pecho. Abrió los ojos y se encontró en una perspectiva casi horizontal al suelo, estaba sentado sobre la tierra del parque infantil, rodeado de niños y mayores, y sujeto de la espalda por la mano de un hombre que trataba de mantenerlo incorporado al tiempo que le acercaba un vaso con agua a la boca y le preguntaba: -¿Se encuentra mejor?





Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
Tienda de libros de Antonio Torres Rodríguez en Amazon

viernes, 3 de mayo de 2013

Violencia diplomática


Sorprende, que a razón de las necesidades Estados Unidos se brinde colaborador con tintes diplomáticos a otros países que hasta hace pocas horas en el retrovisor se tornaban incómodos y molestos. Aún así, actuando de manera interesada con proyección colaboradora en reconocimiento cultural, miro con buenos ojos que naciones cenicientas se conviertan en objeto de deseo, en socios casi imprescindibles en la consecución de una estrategia comercial salvadora para la potencia norteamericana. No cabe duda que México representa todo un aliado en potencia para las aspiraciones del vecino del norte en su expansión comercial. Obama, al que hay que agradecer su talante conciliador con la comunidad latina, no mueve su diplomacia solo por el empuje sentimental, detrás de ese movimiento ajedrecista existen unos intereses necesarios para continuar en la partida que el contrincante asiático presenta en el tablero comercial.

Me satisface cualquier intento por acercar a los pueblos, por eliminar barreras de intolerancia y rechazo social entre países vecinos que están condenados a entenderse por lo que apremia el futuro con un acercamiento galopante que se adelanta a los gobiernos en la eliminación de las fronteras que separan distintas realidades. El colectivo latino estadounidense se ha agrandado de tal manera que ya resulta imposible controlarlo desde esa perspectiva de separación social establecida entre nativos y foráneos, o entre nacionales y emigrantes, como quieran llamarlo. La fusión de culturas es una realidad y lo que comenzó siendo un territorio gobernado por colonos y descendientes se ha cosmopolitizado de tal manera que ha dejado de pertenecer a una sociedad de perfil determinado. La actual sociedad es multiracial y multicultural,  que pone de relieve el verdadero espíritu de EE UU como nación hija de migrantes.

Pero la comunidad latina no es solo México, es un continente entero, especialmente Centro y Norte, que se mueve en función de sus necesidades de supervivencia, que busca en la emigración una vida digna en igualdad de derechos sociales y laborales. Es por eso que existe en mí un sentimiento descontento en ese acercamiento social, incompleto, que discurre por unos cauces descaradamente interesados y ajenos a los deseados. Me gustaría que el acercamiento cultural que pide el presidente Obama empezara por eliminar barreras que producen autenticas tragedias humanas, en el ir de emigrantes sin retorno asegurado. Quizás ese acercamiento debería de dar comienzo luchando contra la diplomacia violenta, esa que presentan las bandas criminales organizadas que buscan a sus víctimas entre los más vulnerables, entre los hombres y mujeres que arriesgan sus vidas en pro de un derecho universal, entre la sociedad civil en general.

Choca, la diplomacia institucional con la que reciben los inmigrantes a su paso por tierras mexicanas en busca de el dorado. Ese acercamiento debería de comenzar por el control de las armas, por el combate contra las bandas de narcotraficantes, por la lucha contra el tráfico de personas, contra los secuestros, asesinatos, contra todo tipo de violencia y en favor de la seguridad del potencial humano que atraviesa México buscando el sueño americano, donde se convertirán en peones claves para la estrategia comercial que libra batalla a nivel mundial.