miércoles, 2 de octubre de 2013

Desencuentros


A veces nos pasamos una vida entera esperando encontrar a nuestra media naranja y cuando se consiguen conjugar todos los ingredientes para que suceda el encuentro y los elementos se alinean permitiendo que la providencia la ponga frente a nuestros ojos, entonces aparece el factor más influyente y determinante, nosotros mismos, provocando que por una decisión errónea se nos pase el tren que tanto tiempo estuvimos esperando y deseando, llegando a alcanzar tan sólo a ver cómo se nos aleja en él a quien tanto buscamos. Eso mismo debió de pensar Paula cuando quedó desorientada en el andén del metro viendo cómo se perdía por la boca del túnel el último vagón.

Ni imaginarlo podía cuando una semana antes viajaba como cada mañana con destino a la universidad y por los cristales del vagón vio a una joven de aspecto delicado que también portaba libros entre los brazos, que se mostraba frente a ella al otro lado de las vías en el convoy que coincidía en horario con dirección opuesta. Las dos jóvenes se quedaron mirando fijamente hasta que la velocidad y entre el gentío que abarrotaba el interior de los vagones obstaculizaron la visibilidad entre ellas.

Paula quedó atraída desde ese mismo momento y su imagen ya no se apartó de su mente durante toda la jornada, pensando en su belleza y en su mirada, imantada con la de ella. A la mañana siguiente y envuelta en la misma rutina cotidiana subió de nuevo al metro que le llevaría a tomar las clases universitarias. Probablemente ya nunca más volveré a verla, decía para sí mientras el metropolitano comenzaba a desplazarse sobre las vías dejando ver sobre la ventanilla el paso revolucionado de la vida al otro lado del cristal. La parada se iba acercando al mismo tiempo que su inquietud subía de tono a la espera de saber si lo del día anterior fue sólo una coincidencia y ya nunca más se repetiría el casual encuentro. Pero el tren se detuvo coincidiendo también en esta ocasión frente al vagón de la desconocida pasajera y allí estaba. De nuevo sus figuras se quedaron inmóviles y mudas frente a frente, con un mensaje de atracción mutua en sus miradas, y tras unos breves minutos otra vez la velocidad se interpuso entre las dos rompiendo el encanto del encuentro. 

El pulso se le alteró y por primera vez comenzó a sentir un cosquilleo dulce que le recorría el cuerpo. La alegría y la sonrisa se instalaron en ella al tiempo que su mirada se quedaba anclada en cualquier objeto, al azar y con el horizonte perdido. Su concentración quedó limitada a un recuerdo y por su mente ya no pasaba otra cosa más que la imagen de quien comenzaba a sentirse enamorada.

Pasaron varios días y la dulce sensación se tornaba temerosa, sólo un día más de clases en la universidad y de nuevo regresaría a su ciudad, a su país, lo que significaba que posiblemente ya nunca más volverían a encontrarse, que todo quedaría en una hermosa ilusión efímera. No así, y consciente de ello, se atrevió a dar un paso adelante. No podía dejar escapar la oportunidad de conocer a aquella chica que le ocupaba su pensamiento todas las horas del día y en sus sueños.

A la mañana del último día se levantó más temprano que de costumbre y tomó el metro de anterior horario al habitual, con la intención de apearse en la parada del encuentro y pasarse al otro andén, esperar al convoy en que acostumbraba a viajar la desconocida pasajera y provocar un encuentro más cercano. Y así lo hizo, se abrieron las puertas y subió al vagón donde la joven de delicado semblante se mostraba cada mañana desde días atrás. Buscó y buscó, pero no la encontró en el compartimento, no estaba allí. Fue entonces cuando su manifiesta desilusión se multiplicó, al ver que la joven se hallaba en el convoy opuesto, en el mismo vagón en que ella viajaba cada día. La expresión de sus miradas lo dijeron todo y Paula sólo acertó a salir precipitadamente del metro y quedarse en el andén, donde por última vez vio alejarse a la mujer que le había trabado el corazón. 






Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
Tienda de libros de Antonio Torres Rodríguez en Amazon

6 comentarios:

  1. Mi querido amigo, es usted un maestro, en verdad logra atraer la atención conmover e interesar; pero lo mejor es la originalidad con la que tratas el tema pues a pesar de que desde el principio ya sabía de qué iba la historia, el final me dejó muy sorprendida. Gracias y felicidades, no siempre se lee un relato de semejante calidad!
    LMGO

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    1. Gracias Luisa. Muy generosa en tu comentario. ¡Un abrazo!

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  2. Antonio, excelente como siempre tu relato y en cuanto a esta historia precisamente hace unos días en el Face me encontré con una muy parecida, sucedida en un ómnibus (bus) en la ciudad de Buenos Aires, y a raíz de eso, el protagonista abrió un perfil en la red. Si me permites lo comparto en tu muro.

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    1. Gracias María Julia. Me gustaría leer ese relato que me dices es parecido a este. Hace más de un año que lo tengo registrado, pertenece a mi libro de relatos "Las alas del destino", y tengo interés por ver qué relación puede tener con el que tú mencionas. ¡Un abrazo!

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  3. Yo creo es como el espejismo en el desierto cuando ansiamos el agua, o en este caso el amor con desesperación, cree que al fin lo tiene y camina y camina y se le desvanece. Y yo no creo en la media naranja, yo he amado con locura a personas totalmente distintas a mi y distintos entre ellos, física e intelectualmente. Y quien dice si no me ocurrirá en un futuro. Saludos Antonio.

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    1. Así es mi estimada Angélica. Muchas veces no sabemos dónde empieza y acaba la realidad y el espejismo, tanto es así que otras muchas veces dudamos hasta de nuestra propia realidad. Gracias por tu comentario. ¡Saludos!

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