sábado, 13 de julio de 2013

Dudas de amante



Gladys reposaba bajo el ventilador del techo, en su imperturbable y monótono girar de aspas, medio cubierta entre bordadas sábanas de seda adornadas de finos encajes, blancas, como la rosa que marchitaba sobre la mesilla en el pequeño florero de cristal, de la que se desprendían los primeros pétalos sobre el frío mármol de la encimera; del mismo color de los visillos que alegremente jugueteaban en el balcón con la cálida brisa de la tarde temprana.

Braulio se apresuraba alistándose en su afán de evitar los desaliñados pliegues que el ajustar del cinturón le propiciaban. Sacó la pitillera plateada del bolsillo interior de la americana y encendió un cigarrillo; aspiró y soltó el humo frente al espejo, al tiempo que se amoldaba el flequillo.

El silencio cómplice se adueñaba de la estancia, solamente roto por el suave y sensual tono de voz de ella:

-Si algún día te levantases por la mañana con la necesidad imperiosa de entregarle tu amor a alguien, sin miramiento de ningún tipo, de dedicarle todo tu tiempo aunque se trataran de los últimos minutos que te quedaran por vivir, de dejarte arrastrar por la pasión sin prejuicio alguno... ¿Me dejarías por otra?





Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
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