viernes, 3 de mayo de 2013

Violencia diplomática


Sorprende, que a razón de las necesidades Estados Unidos se brinde colaborador con tintes diplomáticos a otros países que hasta hace pocas horas en el retrovisor se tornaban incómodos y molestos. Aún así, actuando de manera interesada con proyección colaboradora en reconocimiento cultural, miro con buenos ojos que naciones cenicientas se conviertan en objeto de deseo, en socios casi imprescindibles en la consecución de una estrategia comercial salvadora para la potencia norteamericana. No cabe duda que México representa todo un aliado en potencia para las aspiraciones del vecino del norte en su expansión comercial. Obama, al que hay que agradecer su talante conciliador con la comunidad latina, no mueve su diplomacia solo por el empuje sentimental, detrás de ese movimiento ajedrecista existen unos intereses necesarios para continuar en la partida que el contrincante asiático presenta en el tablero comercial.

Me satisface cualquier intento por acercar a los pueblos, por eliminar barreras de intolerancia y rechazo social entre países vecinos que están condenados a entenderse por lo que apremia el futuro con un acercamiento galopante que se adelanta a los gobiernos en la eliminación de las fronteras que separan distintas realidades. El colectivo latino estadounidense se ha agrandado de tal manera que ya resulta imposible controlarlo desde esa perspectiva de separación social establecida entre nativos y foráneos, o entre nacionales y emigrantes, como quieran llamarlo. La fusión de culturas es una realidad y lo que comenzó siendo un territorio gobernado por colonos y descendientes se ha cosmopolitizado de tal manera que ha dejado de pertenecer a una sociedad de perfil determinado. La actual sociedad es multiracial y multicultural,  que pone de relieve el verdadero espíritu de EE UU como nación hija de migrantes.

Pero la comunidad latina no es solo México, es un continente entero, especialmente Centro y Norte, que se mueve en función de sus necesidades de supervivencia, que busca en la emigración una vida digna en igualdad de derechos sociales y laborales. Es por eso que existe en mí un sentimiento descontento en ese acercamiento social, incompleto, que discurre por unos cauces descaradamente interesados y ajenos a los deseados. Me gustaría que el acercamiento cultural que pide el presidente Obama empezara por eliminar barreras que producen autenticas tragedias humanas, en el ir de emigrantes sin retorno asegurado. Quizás ese acercamiento debería de dar comienzo luchando contra la diplomacia violenta, esa que presentan las bandas criminales organizadas que buscan a sus víctimas entre los más vulnerables, entre los hombres y mujeres que arriesgan sus vidas en pro de un derecho universal, entre la sociedad civil en general.

Choca, la diplomacia institucional con la que reciben los inmigrantes a su paso por tierras mexicanas en busca de el dorado. Ese acercamiento debería de comenzar por el control de las armas, por el combate contra las bandas de narcotraficantes, por la lucha contra el tráfico de personas, contra los secuestros, asesinatos, contra todo tipo de violencia y en favor de la seguridad del potencial humano que atraviesa México buscando el sueño americano, donde se convertirán en peones claves para la estrategia comercial que libra batalla a nivel mundial.



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