sábado, 30 de marzo de 2013

Caprichoso Cupido



De no haberlo vivido por ella misma jamás se hubiera imaginado que estas cosas tan caprichosas del destino podrían ocurrir, que Cupido tuviese una tarde de antojo y pusiera sus flechas donde nunca tendría que haber apuntado. Pero ya se sabe, los ojos del dios del deseo amoroso están cubiertos por una tupida venda que su divina mirada no puede atravesar. El corazón de Virginia fue clavado por una de sus armas arrojadizas e inconscientemente cayó fulgurante entre los brazos de un hombre, precisamente el menos indicado.

No llevaba muchos días en la facultad de filosofía de Salamanca cuando comenzó a sentir una atracción especial por su profesor, Marcelo era un hombre joven que no coincidía con los parámetros habituales de docente entrado en años, al contrario, aunque les doblaba la edad la relación con sus alumnos no discurría con tintes paternalistas sino más cercano, algo así como el amigo experimentado del grupo que cada día acudía al encuentro en las aulas universitarias. Un hombre amable, cordial y comprometido con su alumnado en los problemas e inquietudes propias de juventud. 

En un principio no dejaba de ser una ilusión que suponía transitoria, muchas de sus compañeras universitarias también suspiraban por el profesor pero de igual modo todas eran conscientes de que Marcelo no daba tregua ni bajaba la guardia en lo relacionado a su vida intima, todas sabían que era un hombre soltero y a simple vista sin compromiso, así que por otro lado también las colocaba en posición privilegiada, en casaderas con posibilidad.

Lo que tampoco podría imaginar es que sin tomárselo en serio comenzara a recibir señales de reciprocidad por parte de él, demasiado atento, demasiados detalles con ella que fue identificando como señales de complicidad, hasta que sin esperarlo, un día la retuvo a la salida de clase con excusas relacionadas con los estudios para aprovechar la oportunidad e invitarla a almorzar. No dijo que no, accedió a la invitación, aunque con reservas de que fuese lo correcto. No desconfiaba de aquel hombre, al contrario, le daba confianza y se sentía segura en su compañía, pero temía una reacción desacreditadora por parte de sus amigas y compañeras que podrían acusarla de ir más allá de lo que realmente era, un almuerzo sin compromiso alguno.

Pero aquel encuentro no fue casual, ni por parte de Marcelo ni por la del hijo de Venus, que se valió del momento para lanzar la flecha que despertó definitivamente los sentimientos de ambos y unirlos en pareja. El compromiso se hizo oficial para todos y por supuesto también para los padres adoptivos de Virginia, a los que les comunicó su decisión de compartir la vida con el hombre que creía ideal. Nunca le ocultaron su verdadero origen ni la historia que les contó su casi desconocida madre biológica, de la que apenas tenían conocimientos.

El azar la había puesto en sus vidas cuando una joven embarazada a punto de dar a luz y sin dinero se acercó a ellos en aquella gasolinera de carretera, no dudaron en ofrecerse para llevarla en el vehículo hasta Madrid, donde vivían. Por el camino les contó su angustia y la falta de apoyo recibido por parte de sus padres cuando se quedó embarazada de un joven adolescente de su edad, que justo antes de conocer su embarazo había emigrado con sus padres a otra ciudad, a Valladolid, adonde pretendía llegar con la esperanza de encontrarlo y hacerle saber que él era el padre de la criatura que llevaba en sus entrañas.

Pero no pudo cumplir su deseo, poco antes de llegar a Madrid rompió aguas y falleció en el parto. La falta de documentación u otro indicio que la identificara los puso en la disyuntiva de adoptar a la recién nacida niña, a la que pusieron el mismo nombre que su madre. Sus únicas pertenencias consistían en un pequeño bolso de mano, en el que guardaba un diario en blanco y una foto de ella entre sus páginas. Aquella era la única referencia que tenía de su madre natural, la que no le sirvió para encontrar el rastro de su identidad. Virginia guardaba con mucho cariño la foto en blanco y negro heredada, con la esperanza de que algún día le sirviera como llave al conocimiento de su verdadera identidad.

Sin embargo, al contrario que a su desconocida madre, la fortuna le había sonreído doblemente,  primero por haber sido adoptada por quienes le dieron todo el cariño que pueda recibir una hija y por último encontrando a Marcelo, de quien se sentía enamorada y correspondida, hasta tal punto de tomar la decisión de unir sus vidas. Virginia comenzó la mudanza de las pocas pertenencias que guardaba en el piso de estudiante que compartía con otras compañeras y comenzó a colgar sus ropas en el armario del hasta ese momento dormitorio de soltero de Marcelo, con tan mala suerte que en un descuidado giro dio con el codo al portarretratos que sobre el chifonier mostraba una foto de sus padres, rompiéndose el cristal al caer al suelo.

Preocupada por el descalabro se apresuró a terminar de ordenar sus cosas pensando en reponer el cristal y volver a colocar el marco en su lugar lo antes posible, para que Marcelo no lo notara ni lo echara en falta. Recogió los cristales esparcidos por el suelo y metió el portarretratos en una bolsa, con la que se apresuró en dirección a la cristalería más cercana. Llegó al establecimiento y el cristalero se dispuso a reponer el cristal nuevo. Separó la tapa trasera, extrajo la imagen familiar para tomar las medidas correctas y las dejó sobre el mostrador.

El dependiente entró en la trastienda taller para cortar el  vidrio y entre tanto Virginia sintió curiosidad por observar con detenimiento el rostro de sus suegros, a los que todavía no conocía en persona. Asió la fotografía con las manos y al hacerlo comprobó que tras ella había otra estampa oculta, una imagen que nunca podía haber llegado a imaginar. Era una copia igual a la foto de su madre biológica, la que con tanto cariño conservaba. Pero ésta, a diferencia de la suya, contenía una dedicatoria a tinta: Por siempre tuya.




Texto extraído del libro de relatos "Las Alas del Destino".
Autor y propietario de todos los derechos legales: Antonio Torres Rodríguez.
Tienda de libros de Antonio Torres Rodríguez en Amazon

4 comentarios:

  1. Aaaahh, que trauma... aguas con las cosas que nuestros padres hacen. Me encantan tus cuentos.

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  2. eso es lo mas doloroso que una mujer puede encontrar,cuando no sabe sus origenes.una lastima cuando penso haber encontrado el amor,se enamora de su medio hermano.que desilucion.

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  3. Antonio, a estas alturas no debería sorprenderme.
    Pero lo cierto es que no puedo dejar de admirar la manera en que te expresas. Más aún, estoy firmemente convencido de que al compartir tus escritos, nos estás entregando a todos algo, que para mí no tiene otro nombre que no sea...AMOR.

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    1. Muchísimas gracias por tus halagos Ariel. ¡Un abrazo!

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