sábado, 29 de septiembre de 2012

Mercancía china

Hoy sábado tocó zafarrancho general. No tengo predilección alguna por un día determinado de la semana, será porque al margen de las obligaciones y responsabilidades que llevamos añadidas en este mundo generalizado sin etiquetas no estoy condicionado a seguir reglas con un orden estricto. Obligaciones sí pero por libre. Quiero decir que, aunque la responsabilidad de vivir solo me acarrea dobles ocupaciones necesarias en lo cotidiano, por otro lado tengo la suerte de actuar por mi propia iniciativa, nada de obligadas responsabilidades compartidas. No hay nada mejor que la libertad, en todos sus conceptos y por encima del bien y del mal.

Con todo lo por hacer y la casa "patas arriba" se me antojó que las plantas del patio me estaban atosigando, acorralando, me estaban robando el espacio y a la chita callando se habían apoderado del territorio compartido entre ellas y yo. Así que sin pensármelo dos veces fui bajando tiestos y macetones sembrados al contenedor de basura sin contemplación ni remordimiento; no las deposité en él, las dejé a su vera por si alguien se le ocurría recuperarlas y darle acogida y nueva oportunidad en otro patio del barrio. La suerte de las que quedaron fue que me cansé de subir y bajar hasta la calle cargado de geranios, jazmines y otras de nombre innombrable, sino aún estaría en pleno desahucio vegetal.

En una de esas idas y venidas a la calle cargado de floridos ramajes me encontré con Cristóbal, el vecino de arriba. Cristóbal y Rosa son un matrimonio octogenario también independientes. No cambian su libertad por la comodidad de ser cuidados. Pero claro, todo tiene sus inconvenientes, ningún contexto o estado es ideal al completo. Me esperaba a la puerta de mi casa con un bote de cristal de conserva en las manos. Fue a pedirme ayuda para que le abriera el tarro, no había alma que pudiera abrir el dichoso recipiente de fabada con chorizo. -Yo ya no tengo fuerzas para abrir esto - me decía alargándome el mencionado cacharro.


Pensé que menos mal que siempre hay un vecino dispuesto a socorrer en estos casos, de otra manera sería para los ancianos como morir de hambre frente a la televisión, mirando la despensa llena de tarros de conserva y sin poder abrirla para comer. Un problema sin duda para muchas personas mayores que ya no pueden o no tienen fuerzas para abrir muchos de los productos pre-cocinados que nos venden en los supermercados. Tengo la impresión de que las empresas conserveras piensan más en otros detalles que en el simple hecho de quién puede ser su cliente.

Recuerdo otros tiempos, lejanos ya, en los que el mundo de los alimentos en conserva se limitaban a una minoritaria parte de los artículos de alimentación que se comercializaban, casi todos en metal y algunos escasos en cristal, como la leche. Curiosamente, al tiempo que la leche se asoció con el tetra brik el cristal lo hizo con otros alimentos, como los vegetales. Eso por lo que toca a mis recuerdos, supongo que por otras latitudes los formatos y contenedores tendrían diferentes atribuciones o asignados.

Luego llegaron los chinos... Hay un antes y un después en el comercio desde que los chinos irrumpieron en el mercado global con toda la mercancía inimaginable. No obstante, tengo la impresión de que tampoco ellos le dedicarán mucho tiempo a pensar en cómo fabricar los botes de conserva de cristal con la tapadera metálica a rosca sin que el abrirlo suponga un problema para el consumidor. Sin embargo, es tan amplia la mira de negocio que China tiene que nos sorprenderán muy a menudo en la forma de vender y en algunos de sus productos.

Por ejemplo, esta semana me ha sorprendido la noticia de que en China el tráfico de menores rebasó en 2011 la cifra de 6.800 niños. Algo escalofriante, en un país donde parece que no solo las libertades, también las propias vidas de las personas, tienen el precio que se les quiera atribuir. Así como es el país donde más coches Ferrari existen de todo el mundo, del mismo modo los derechos más básicos del ser humano no tienen valor alguno. El tráfico de seres humanos, especialmente de mujeres y niños, se ha convertido en uno de los negocios lucrativos más rentables. Entre los menores oscila el número de varios miles de ellos robados al año, unos devueltos con rescate y los más desaparecidos y comercializados como pura mercancía. En todo este sin sentido descorazonador, otra injusticia más contra el sexo femenino, mientras que por ellos en el mercado negro pagan 10.000 euros, por ellas no ofrecen más de 6.000.





viernes, 21 de septiembre de 2012

Sátiras y violencia

¡Qué difícil resulta el entendimiento! Ni siquiera cuando el respeto mutuo sirve de paño donde depositar las buenas intenciones entre pensamientos distintos se puede dar por seguro que el éxito será el fruto frente al fracaso en este espinoso campo de la concordia. El derecho a respetar y ser respetado es tan frágil que siempre anda por el filo de la navaja. No basta con ser bien intencionado y tratar de no provocar al que piensa diferente, es necesario hasta autoconvencerse de que el irrespetado no es uno mismo al legitimar los derechos y libertades del otro. Será porque al universalizar los derechos se cae en el error ambiguo de que ningún derecho es legítimo por encima de los demás. Esto es que nunca todos a la vez podremos disfrutar de la facultad de exigir todo lo que las leyes establecen a nuestro favor. Siempre quedará alguien injustamente ultrajado en sus libertades en beneficio de otros.

No me gustaría que me identificaran como un islamofóbico, caerían en el error. Para mi humilde pensamiento todas las religiones quedan catalogadas de la misma manera, son culpables en parte del mal entendimiento entre los seres humanos, creadoras del distanciamiento entre culturas y ejemplo claro de la contradicción. Todas llaman al entendimiento y respeto pero ninguna cede sus privilegios ante las demás.

No obstante, quizás debería de ser más explícito para no herir la sensibilidad de los creyentes, hacia los que siempre me mostraré respetuoso. Porque si es verdad que son ellos los que mantienen viva la existencia de los dioses, también lo es que la fe está siempre dispuesta al albedrío de los líderes religiosos. Esto deja a los feligreses entre los no culpables, la fe es una cuestión y las religiones manipuladoras de conciencias son otra.

Podría haber escogido otro tema diferente para ejemplarizar la falta de respeto o provocación y la violencia que a veces trae consigo como respuesta, aunque la actualidad casi obliga a decantarse por este asunto, el de la libertad de expresión que defienden unos y el de las protestas de creyentes musulmanes por sentirse ofendidos. Así que, apoyado en la experiencia y la educación recibida, les pondré un ejemplo también con la religión de por medio. No sabría decir si alguna vez mi padre creyó en divinidades o profesó doctrina religiosa. Supongo que le ocurriría como a muchos, incluido yo. La iría abandonando al tiempo que la descubría. Lo cierto es que, de una manera y de otra, siempre fue respetuoso con los creyentes, no era cuestión de defender los pensamientos propios frente a los de otros, se trataba de respeto hacia los demás. Esas eran las conclusiones que yo sacaba de sus asistencias silenciosas o desapercibidas cuando acudía a la iglesia del pueblo en la despedida de algún ser querido. Algunos como él que no compartían creencias se agrupaban en silencio al final de la parroquia, mostrando respeto máximo por los difuntos y sus familiares. No existía ofensa, solo generosidad.

Generosidad, con mayúscula, así definiría en qué consiste el respeto. Jamás podría existir entendimiento si no hay respeto, ni respetuosidad sin ser generoso. Es necesario ir en parte en contra de uno mismo, ceder en las libertades en favor de otros para no agraviar en la defensa de nuestros derechos. Siempre se encuentra una fórmula para nuestra libertad de expresión sin tener que caer en la provocación y falta de respeto a otros, así como el ofendido tiene que entender que el derecho a expresarse es una propiedad legítima por encima de las creencias, contra la que no cabe la violencia.

Posiblemente  resulte complicada esta reflexión para algunos, pero asimismo es la propia naturaleza del ser humano, pura complicación. Por lo que a veces es mejor no hacer caso a palabras necias, así como en otras es aconsejable cerrar la boca y pensar que lo que se vaya a decir puede significar otro tipo de violencia.



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sábado, 15 de septiembre de 2012

Papel que arde

Aún recuerdo a mi abuela materna vocear mi nombre y el de mi hermano, algunos años más joven que yo, por la huertas que desde detrás de nuestra casa llegaban hasta el río. Fue una hermosa infancia, como casi todas. Mi querida abuela Ángela era una mujer de campo, analfabeta como la mayoría de las campesinas, que le tocó vivir un tiempo decadente, de esfuerzo continuo, hambre y calamidades. La primera mitad del siglo pasado español fue un periodo sin luces, opaco, alumbrado solo por personas generosas como ella.  A pesar de casi cuatro décadas pasadas desde que le tocó abandonar este mundo, su recuerdo está anclado con las imágenes más tiernas y entrañables de mi vida, en todas esas escenas amables aparece. Unas veces sonriendo, otras triste y en llanto silencioso. Su estampa encendiendo el brasero de picón en los días de invierno es una de las más fieles a mi memoria, vestida de negro luto impoluto de pies a cabeza, roto solo por los tonos grisáceos del delantal a cuadritos.

Digo hasta la cabeza porque, aunque ya no se estila, en esta España nuestra tan de tradiciones hasta no hace muchos años, el nacionalcatolicismo de la dictadura nos tenía inmersos en la cultura más rancia del ultraconservadurismo católico con toda su glamurosa parafernalia que hasta casi ha llegado a nuestros días. Para la mayoría de los católicos les podrá resultar poco coincidentes o muy distantes las costumbres compartidas con los musulmanes, pero no es tanta la diferencia como aparenta. Muchas cotidianidades españolas y europeas mediterraneas tienen su base en la de nuestros antepasados musulmanes. Es el ejemplo del velo en la cabeza de las mujeres, con una finalidad de respeto similar a la de los musulmanes de hoy.


El chisporrotear del brasero avivado por el soplillo con el que mi abuela encendía la lumbre para calentar la estancia me encandilaba. Las chispas revoloteaban alegres alrededor de su rechoncha figura sentada en la silla de anea mientras me canturreaba alguna coplilla tradicional de su corto repertorio. Yo era parte logística en la costumbrista tarea de encender el brasero, mientras ella se encaminaba hacia el patio con el recipiente metálico yo me aventuraba en la búsqueda de un papel seco para prender la llama al carbón vegetal menudo.

En ese mismo contexto de mi infancia yo podría haber sido víctima inocente en otro tiempo y lugar, actualmente en cualquier país donde el fundamentalimo religioso no ve más allá de la mala fe. El simple hecho de ir a buscar un papel para encender la lumbre del hogar significa un peligro en primer grado para los niños que no entienden de maldades infundadas. ¿Qué malas intenciones podría tener Rimsha Masih cuando fue a buscar papel para usarlo en su casa como combustible en la cocina? La perversidad solo puede encontrarse en las mentes que manipulan la inocencia de una niña autista, al tratar de hacer ver al mundo un acto de blasfemia hacia la religión de los musulmanes porque Rimsha es cristiana y los papeles que quemó eran parte de un Corán que encontró en un contenedor de basura.

Tiene 12 años pero su edad mental es la de una niña de siete, analfabeta, y aún así ese acto le ha costado estar presa durante tres semanas. Un castigo que se ha suspendido gracias a los 9.000 euros que la familia tuvo que abonar en concepto de fianza para que Rimsha abandonara la cárcel de la ciudad de Rawalpindi, Pakistán, y a la confesión de varios testigos que han denunciado al imán que la acusó. El líder religioso fue detenido tras la declaración de vecinos que lo acusan de falsear pruebas y de haber visto cómo arrancaba hojas del Corán y las introducía en la mochila de la menor. Otra costumbre que también parece muy extendida entre los líderes religiosos en todas las doctrinas, la de tirar la piedra y culpar a los inocentes mientras que esconden la mano.


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http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/08/actualidad/1347119122_537322.html 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Noticias del mercado

Hace algunos meses y en un encuentro virtual tuve la suerte de poder formularle una pregunta al showman y escritor venezolano Boris Izaguirre, sobre su última novela Dos monstruos juntos, la inmediatamente posterior a la exitosa Villa Damiante, finalista Premio Planeta 2007. La coincidencia espontánea no me dejó oportunidad para rebuscar en el baúl de las preguntas imposibles, ese lugar de donde tratamos de sacar la interrogación más interesante, que nos descubriría ante el personaje interrogado como alguien con personalidad deslumbrante, así que solo me dio tiempo a no aturrullarme y no balbucear más de la cuenta y necesario. Lo cierto es que cuando uno se encuentra ocasionalmente y de repente frente a personas a las que admira nos convertimos en un manojo de nervios que no nos permiten salir de la perplejidad hasta no pasados unos minutos de acomodo, al menos ese es mi caso. Fíjense si la pregunta resultó tan normal, tan poco sorprendente para cualquier autor, que antes de formularla ya sabía la respuesta que iba a encontrar. Le pregunté algo parecido: ¿Boris, tienes un patrón a modo de sistema para la creación de las historias, o cada una de tus novelas requiere una manera diferente de escribirlas? -¡No! Cada una exige una manera diferente de desarrollarla- me respondió. Ahí concluyó el acto entre él y yo. Tengo que confesarles que el encuentro no me creó ningún tipo de complejo, porque si la pregunta era rompedoramente vulgar tanto o más esperada fue la respuesta.

Después de contarle esta secuencia de la experiencia vivida ustedes se preguntarán a qué viene este cuento a modo de sainete, pues bien, con esto quería decirles que para enfrentarse a la narración de una historia lo mejor es sumergirse en ella, para poder hacerlo con fundamento, y como esta mañana no tenía claro por cuál de las noticias aparecidas esta semana decidirme para escribir este texto de mi blog de opinión, me fui al mercado a guiarme por el pulsómetro de la calle.!Los mercados son fantásticos¡ Un método infalible para conocer a los ciudadanos de cada lugar que aprendí de mi amigo el canario Lorenzo Ferreira hace ya varias décadas. Me decía que los mercados y los cementerios son de visita obligada para el viajero si se quiere conocer bien a la gente del lugar. En ellos se encuentran cómo viven y se alimentan y el respeto y apego que le tienen a sus antepasados y a la vida. Esto lo he contado en distintas ocasiones y es muy probable que lo encuentren en otros de mis escritos.

Y eso es lo que hice esta mañana, entre mis obligaciones me di un respiro y me acerqué al mercado Sanchez Peña, al de la Plaza de la Corredera. Los mercados animan los sentidos, su alegría, el colorido, el exotismo de algunos de sus productos... y los chismes del personal a la espera del turno. Ahí quería yo ir. A saber cuáles eran las preocupaciones de los ciudadanos, las inquietudes generalizadas. Pero la respuesta fue tan variopinta como la propia mercancía a la venta en los diferentes puestos. Los había para todos los gustos, de distintas procedencias y contenidos. Por supuesto la economía de esta crisis/fraude que padecemos era el tema preferido, el trabajo o la falta de él, los recortes sociales en educación, en sanidad y especialmente contra los inmigrantes sin papeles, la corrupción política, el regreso de la España más rancia y retrograda a los puestos de gobierno, la nueva ley contra el aborto y el acoso de los religiosos contra las parejas del mismo sexo... lo caro que se había puesto el pescado, la carne, la verdura y la fruta... y el atraco a mano armada que supone la subida del IVA que ha terminado por vaciarnos los bolsillos.


Para serles sincero no saqué nada en concreto sobre noticia bloguera de mi visita al mercado en cuestión. Luego, a la hora del almuerzo, pensé en buscar alguna información relevante en algunos de los diarios internacionales, quizás alguna reseña de poca trascendencia que pasó casi desapercibida aunque con un peso específico periodístico, pero no hallé noticia  que me "suliveyara". A cualquiera que se le cuente que a veces no encuentro tema interesante para escribir, con la cantidad de sucesos llamativos que ocurren en el mundo cada día, no me creería. Pero así es, cualquier noticia puede ser válida para una opinión pero uno siempre busca la más atractiva.

Recordé lo relacionado con el caso del Códice Calixtino, las últimas noticias que decían que en recientes declaraciones el acusado electricista había culpado ante el juez al deán de la catedral y a otro religioso de formar parte de la trama del robo hace una año aproximadamente. El juez no ha creído oportuno darle valor a las palabras del ladrón, pero lo cierto es que no tiene nada de descabellado pensar que pudiera haber sido de esa manera como ocurrió. Según el detenido fue el deán y otro religioso quienes le ofrecieron al electricista que sustrajera el códice, que lo mantuviera guardado y que pasado el tiempo lo devolviera. Esto le daría publicidad y atraería público a visitar la catedral, lo que supondría entrada de divisas en las arcas que estaban sufriendo un desgaste alarmante. A cambio le darían una cantidad como pago de su complicidad. Esto explicaría el dinero encontrado en casa del electricista. Bueno pues, eso precisamente es lo que ha sucedido, desde que pusieron el códice a la vista del público la catedral se ha llenado de turistas. Así como tampoco resulta extraña la versión en cuestión de seguridad, recuerden que solo tres personas tenían llave de acceso al códice y una de ellas era el deán. Un caso extraño sin duda, pero que estando la Iglesia de por medio el beneficio de la duda seguramente recaerá de la parte religiosa.

También me pareció interesante la noticia del misterio del león sin testículos del Congreso de los Diputados. Son dos, Velarde parece que no sufre anomalía que lo haga diferente, en cambio, Daoíz carece de bolsa escrotal y todo apunta que desde 1.865, desde que los esculpiera en bronce Pociano Ponzano. Uno entiende que esos atributos leónidos no son cosas de mirar todos los días, pero poner en entredicho la masculinidad del felino con las hechuras de fiero que presenta porque no tenga escroto tampoco me parece cosa seria. Parece que la nueva moda en este país de perjuicios es la de restaurar las obras de arte, por lo que ya han salido a la palestra quienes se ofrecen para colocarle los testículos a Daoíz, algo que me produce sonrojo y temor, no vaya a ser que nos salga una nueva Cecilia y le restaure los atributos masculinos al fiero de bronce de manera poco ortodoxa. Acuérdense de lo sucedido recientemente con el "Ecce Homo" de Borja y su parodia nacional.


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domingo, 2 de septiembre de 2012

La iniquidad vengativa

No crean que soy un informal, me esmero con esfuerzo hasta por no aparentarlo siquiera. Es lo que habrán pensado de mi algunos de mis seguidores, que no soy constante o que dejé por abandonada la aventura de escribir en este cuaderno de bitágora casi recién comenzado, pero no fue así, existieron sus razones. El último de mis libros me adsorbió demasiado tiempo y no me permitió separarme de él hasta concluirlo, lo que me ha dejado un triple sentimiento como regalo, el de satisfacción, el del deber cumplido y el de libertad. En la nueva etapa, y mientras voy dando forma al nuevo proyecto literario, espero dedicarle a ¡Cúbreme la espalda! la atención que se merece, o por lo menos la que pensé otorgarle en su tiempo, cuando lo ideé.

Después de visitar a mi anciana madre, en esta mañana soleada del primer domingo de septiembre he cumplido con la ya casi obligada parada a la hora del aperitivo. Una cerveza fresquita sin alcohol y una tapa con interrogación que amablemente nos invitan en San Lorenzo, no en la iglesia, en ella solo bebe el cura, en el bar del mismo nombre situado al costado sur de la parroquia. Digo con interrogación porque nunca se sabe en qué consistirá el pincho que acompañan con la bebida. Hoy tocó paella. Diego, el camarero, no pregunta si apetece o no, ni entra a valorar si los carbohidratos pueden resultar desaconsejables para los índices elevados de glucemia, como ocurre en mi caso. Yo tampoco entré ni a valorarlo ni a rechazar el platillo, mucho menos después de lo apetitosa que se presentaba la tapa ante mis sentidos.

Seguidamente, y entre las primeras embestidas que yo acometía al amarillento arroz, el joven barman puso ante mí sobre la barra del bar un portafolios y un bolígrafo. - ¿Esto qué es?- le pregunté, al tiempo que reconocía fotografiadas en el papel la cara de los dos hermanos desaparecidos en Córdoba, Ruth y José. Se trataba de un manifiesto con firmas para solicitar la cadena perpetua para el padre, José Bretón, a quien los familiares de la madre culpan de su desaparición y últimamente de asesinarlos y quemar sus cuerpos en una finca familiar. La cadena perpetua no se contempla en el código penal español, lo que sugiere que pretenden cambiarlo para que el supuesto asesino pague la pena máxima. Pero digo supuesto, porque hasta que no se demuestre lo contrario y salgan a la luz pruebas fiables que lo certifiquen no se puede culpar a nadie por los indicios que aparenten o por la presión popular que se alienta desde la familia materna.


Desde el 8 de octubre del 2011, día en que el padre denunció la perdida de los niños en un parque de la ciudad, el acoso constante no se queda sobre el presunto asesino, también lo sufre su familia, sus ancianos padres, sus hermanos y los hijos de estos que han sido igualmente perseguidos, insultados, hasta golpeados por jaurías furiosas incontroladas y alentadas por la familia de la madre, una mártir casi novelesca que se configura en la cara amable y victimoza en este triste y cruel caso. No voy a discutir ni a poner en entredicho el dolor de madre de Ruth Ortíz, de la que parece quiso vengarse su ex-marido José Bretón haciendo desaparecer a los niños, sin embargo, la justicia no se imparte al albedrío de cada cual y mientras ésta no se pronuncie todo queda en la presunción de inocencia, por más dolor que a veces nos cueste o provoque.

Yo no firmé el manifiesto, me negué por varias razones. Una de ellas porque la justicia no se imparte en caliente y sin pruebas definitivas, influenciado por el dolor y la sed de venganza; otra porque no es aconsejable cambiar el código cada vez que nos mueva el sensacionalismo de un caso; la tercera se apoya en un sentimiento de rechazo hacia la familia de la madre, no por pedir castigo hacia el culpable de la desaparición de los niños, sino por tomarse la justicia por sus manos, acosando, persiguiendo y golpeando a familiares del presunto asesino que no son culpables de nada y que a su vez se han convertido en víctimas de los vengadores. Por la misma razón que censuro al padre, si se demuestra por fin que así fue, por utilizar a los niños buscando la venganza contra la madre, también la censuro a ella por permitir y propiciar que a otros niños, sus sobrinos hijos de la hermana de Bretón, hayan tenido que llevárselos de la ciudad para que no sufran el acoso y los insultos de una jauría sedienta de venganza que ella misma ha promovido con su también delirio vengativo. Los niños no son moneda de cambio para nuestras maldades, deben quedar al margen de las desventuras.


http://www.lasextanoticias.com/videos/ver/acoso_a_los_breton/632703
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