domingo, 2 de diciembre de 2012

Princesitas descoronadas

¡Buenos días, vecino! -saludaron las dos señoras casi a la misma vez.

Las dos ancianas se han acostumbrado a meter su visita a Mogni en la ruta que recorren los sábados por la mañana, siempre que el tiempo acompañe porque, como dicen ellas, sus cuerpos ya no están para muchos trotes. Fueron a comprar unos caramelos de menta y regaliz que le gustan a una de ellas y, como en la visita anterior no supieron indicarme cómo se llamaban, una por ser invidente y la otra porque apenas sabe leer y su torpeza ya no le acompaña, ayer me trajeron el envoltorio de una bolsita vacía para que se los vendiera iguales. Desconocían que llevaran azúcar, ellas estaban en que eran optimas para diabéticos. Cuando se lo hice saber, la expresión de su cara, acompañado de un: ¡no me diga usted eso!, me dio a entender que le había desaconsejado probablemente alguna de las pocas cosas dulces de las que le quedan por disfruta en esta vida.

Bueno, se come usted menos- le decía la acompañante, aunque no sabría decir con certeza cuál de las dos acompañaba o guiaba a la otra. Es que no se controla- dirigiéndose a mí- abre la bolsita y no para hasta que "no le ve" el fin. Ella no es diabética, pero por prevenir... A estas edades ya está una en riesgo de todo. Hice mía la frase de la señora vecina, la diabetes es una enfermedad muy habitual y extendida en el estilo de vida sin control que llevamos en estos tiempos. Damos rienda suelta a devorar todo lo que se nos viene en gana olvidando el sentido fundamental de la alimentación, al margen de lo sedentarias que se han vuelto nuestras existencias, olvidando el ejercicio físico que tanto bien nos hace. Al mismo tiempo las dos se agarraban del brazo y se despedían hasta el próximo sábado, si el tiempo acompaña.




Seguía con mi tarea preparando algunos adornos artesanos para la decoración navideña de la tienda con el mensaje de la diabetes y otros peligros producidos por la mala alimentación que llevamos en la actualidad cuando entraron una abuela y dos de sus nietos hermanos, niño y niña. Él con una hiper-actividad evidente y de poner de los nervios, saltando de un lado para otro descontroladamente. En ese momento me acordé de una frase de un buen amigo mío y muy amigo de los menores, que dice que: "los niños son como monos con revolver, nunca sabes para dónde van a tirar". Su hermanita, en cambio, iba más tranquilita, agarrada de la mano de su abuela y con una diadema con un lacito rojo y lunarcitos blancos, a lo Minni.

¿A ver, qué queréis?- les preguntaba la abuela a los nietos. La niña pidió un globo blanco con un dibujito de Peppa pig y su hermanito se dirigió directamente a donde las espadas de madera. ¡Yo quiero una espada abuela! Bueno, pues dele usted lo que quieren- me pidió al señora. La niña agarraba el soporte del globo ilusionada con su llamativo adorno en la cabeza, mientras que el niño no paraba de mover todos los juguetes colgados a su altura como tratando de descargar toda su contenida y derrochadora imaginación a la vez. Le dí la espada y, mientras le cobraba a la abuela, el niño, desbordado por su descontrolada energía, comenzó a jugar con su hermana como si de un enemigo con el que guerrear se tratara. Hizo dos ademanes de espadachín justiciero y a la tercera arremetió contra el globo y lo destrozó de un certero golpe, con tan mala suerte que su hiper-actividad le jugó una mala pasada doble, porque no sólo le rompió el globo sino que con la inercia se le fue el arma y con ésta rozó la cabeza de ella descoronándola de su vistosa diadema. La niña comenzó a llorar, después de unos segundos sin reacción sorprendida por el ataque del guerrero, y la abuela a regañar al agresor. ¡Mira que no quería comprarte la espada, que ya te conozco! ¡Que eres mú malo! Es que no se queda quieto ni un segundo- dirigiéndose a mí pero con la mirada en el nieto y la espada, la que le arrebató de un tirón- ¡Este niño parece que tiene azogue!

Se marcharon y me dejaron con dos pensamientos. Uno sobre las satisfacciones que dan los niños, aunque a veces nos causen tantos problemas. Otro sobre las princesitas descoronadas que en plena infancia caen en la crueldad de la esclavitud, convirtiendo sus sueños e ilusiones en atormentadas pesadillas. La princesita del globo blanco me hizo recordar una noticia que leí en un diario no hace mucho tiempo, en el que publicaba la triste y penosa vida de una niña a la que hicieron esclava con nueve años, en plena edad de juegos y educación. Bishnu Chaudhary tiene en la actualidad diecinueve años y el año que viene irá a la universidad a estudiar Derecho, con una sola meta en su futuro, luchar por erradicar esta cruel tradición enquistada en Nepal, su país. Sus padres la enviaron a trabajar de Kalamari (esclava doméstica) a cambio de quince euros anuales durante dos años. Una costumbre muy extendida entre los nepalís para obtener un préstamo. "Trabajaba todo el día, todos los días. Pero nunca estaban contentos conmigo. A veces me pegaban con un palo y no sabía porqué", comentaba la joven entre líneas de la noticia.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/11/actualidad/1349976698_773980.html


Obra protegida bajo licencia creative commons 3.0


2 comentarios:

  1. Que lindo es leer tus anécdotas de la tienda y tus atinados puntos de vista, muy sensible siempre. Buen inicio de semana Antonio.

    ResponderEliminar

Sea respetuoso!! Esa será la única condición para que los comentarios aparezcan publicados en el blog.