sábado, 8 de diciembre de 2012

Esposas niñas

El jueves pasado celebraban en este país de desesperanzas y futuros inciertos el día de la Constitución. Digo celebraban porque dicha fiesta no iba conmigo, ni me identifico con la carta magna española ni con los gobernantes que la representan. Los símbolos constitucionales que simbolizan a esta España, nuestra también, pasaron a significar lo que en otro tiempo, en el que entre el rojo y gualda se agitaba la silueta del águila de San Juan o "el aguilucho", según para quien. Cada vez que la derecha política se sienta en los sillones que dirigen las riendas de esta piel de toro nos roba no solo las libertades y los derechos sociales, también los iconos patrios, que hacen suyos hasta el punto de que algunos los identifiquemos como cosas de otros. Es la otra España la que marca el ritmo actual, la que sus padres y abuelos tiñeron de sangre, terror y muerte, durante más de cuatro décadas. 

Así que, aunque era fiesta nacional, yo hice caso omiso y me fui a currar que es lo que más me gusta. Hacía meses que guardaba la idea de un juguete de primero del siglo pasado que vi en una tienda de antigüedades,  un pájaro con ruedas que movía las alas cuando se deslizaba. Era un juguete rudimentario y sin color, aunque probablemente logró el cometido de aportar felicidad al niño que lo jugó en su tiempo. Me gusta la simpleza de los juguetes antiguos y no pude soportar la tentación de versioneárlo. Sin embargo, pensé que seguramente un loro resultaría más vistoso que aquel añejo ejemplar que atrajo mi atención entre objetos deslucidos y me dispuse a dar forma a la idea. Calculé las medidas, realicé el dibujo, corté la madera... y puse la radio.

Mientras coloreaba el prototipo escuchaba los comentarios radiales que nos anunciaban una noticia grata, un grajo blanco, como dirían los más castizos del lugar, acostumbrados al pesimismo reinante que últimamente invade todo lo que se mueve a nuestro alrededor. La UNESCO otorgaba a Córdoba, mi ciudad, otra declaración Patrimonio de la Humanidad, y ya van tres. La Mezquita aljama (que no catedral por mucho que la Iglesia Católica se empeñe), el centro histórico y la reciente, la que reconoce el valor de los patios cordobeses. Un reconocimiento cultural que va mucho más allá de la vistosidad de los espacios floridos. Los patios representan una manera singular de vivir, en comunidad, donde reina la armonía y la generosidad entre vecinos que comparten como una gran familia. Otro legado cultural más en este crisol de culturas que simboliza la ciudad de Córdoba.


Rojo, azul, amarillo... buscaba el cromatismo ideal para el juguete cuando, como elefante en cacharrería, una chiquita de origen latinoamericano hizo aparición en la tienda Mogni. Me saludó con unos enérgicos buenos días y automáticamente se dirigió a lo primero que se encontró delante, la canasta de mimbre donde expongo los famosos huevos de chocolate que contienen sorpresas en su interior. Cogió uno, me preguntó el precio y lo soltó. Asimismo continuó con caramelos, chicles, gominolas... hasta que tuve que recriminarle, por supuesto con buenos modales, que los alimentos no se manosean, y más aún cuando no se van a comprar. Le pregunté si tenía dinero para comprar y su respuesta fue la que esperaba, que no, aunque  añadió que quería saber el precio para cuando tuviese dinero comprárselo a su hermanito. Así que, no considerándome un alma caritativa, le regalé una piruleta de caramelo mientras que conseguía el dinero para el hipotético regalo a su hermanito.  La poca higiene y la desaliñada imagen que mostraba la niña me dejó pensando en lo difícil que tiene que resultar para los emigrantes ilegales que residen en este país sobrevivir inmersos en crisis. Oí un ruido extraño y me asomé a la puerta de la tienda. La chiquita, que no tendría más de 11 años, le había arrancado los globos que sostenía como reclamo el Mogni a tamaño de humano adulto que coloco en el exterior. Al otro lado de la calle se veía alejarse con los globos en una mano y en la otra la piruleta que relamía.

Poco después, la siguiente clienta fue una madre con su hijita casi recién nacida en el carrito, también de origen latinoamericano. Nada extraño en el barrio donde se sitúa la tienda Mogni, cosmopolita y multirracial, un ambiente en el que me encuentro cómodo, quizás una de las características por las que elegí abrir el negocio en este barrio, Ciudad Jardín, curiosamente falto de zonas verdes y ajardinadas. Me llamó la atención la poca edad de la madre, casi era una niña. Sin embargo, a diferencia de la anterior, su imagen era pulcra y muy educada, lo que me causó cierta satisfacción. Percibir que a muchos emigrantes no les cuesta tanto adaptarse a esta sociedad es un motivo de alegría para mí.

No obstante, la llamativa juventud de la mamá no me dejó ajeno a la preocupación que para muchas organizaciones sociales significa luchar contra las niñas que contraen matrimonio en muchas partes del mundo. Esposas niñas que abandonan la educación para pasar directamente a servir en la mayoría de los casos a hombres mayores que podrían ser sus abuelos, que compran su casamiento con lotes míseros a padres que no han conocido otra  manera de vivir más que la propia miseria. En países tan diferentes como la India, Bangladesh, Burkina Faso, Yibuti, Etiopía, Níger, Senegal o Somalia, millones de niñas sufren la discriminación de género, convirtiéndolas en esposas antes de dar por finalizada la edad educativa. La UNICEF nos dice que aproximadamente 70 millones de mujeres jóvenes de 20 a 24 años, casi 1 de cada 3, se casaron antes de los 18 años. De éstas, 23 millones se casaron antes de cumplir los 15. También nos dice que un componente importante en el mundo entre las niñas de 15 y 19 años son las muertes maternas relacionadas con el embarazo y el parto.



Obra protegida bajo licencia creative commons 3.0

3 comentarios:

  1. Hermosa historia como todas las que cuentas, Donde envueltas en el relato se desarrolla un contenido actual de realidad social que refleja problemas o situaciones candentes de nuestra socieda. De acuerdo con lo que cuentas. Hace unos meses recibí un correo donde se denunciaba esta práctica de matrimonio infantil, con una serie de fotos que me indignaron profundamente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La crueldad se esconde siempre detrás de los más débiles y no es difícil encontrarla cuando se mira de manera inconformista, humanamente solidaria.

      Eliminar
  2. Triste saber que en la mayoría de los casos es por deshacerse de una boca en el hogar lo más rápido, o porque se es tan pobre que creen que casándose les va mejor, pero sólo apresuran su amargura. Lamentablemente es una cadena que muy pocas veces se rompe.

    ResponderEliminar

Sea respetuoso!! Esa será la única condición para que los comentarios aparezcan publicados en el blog.