domingo, 25 de noviembre de 2012

El chico del pantalón rosa

Pues les digo que siempre me ocurre lo mismo en cuanto a lo que les cuento en este semanario de bitácora. A lo largo de la semana voy guardando todo lo que me parece interesante y al final, siempre lo mismo, acabo por contarles lo más reciente. Ayer mismo, a media mañana, visitó la tienda Herminia, hacía varios días que no la veía pasar por delante del escaparate de Mogni con su carrito de la compra a cuadros, también es verdad que no la había echado en falta, tampoco estoy todo el día a ver quién pasa para un lado o para otro. Pero al verla entrar me sorprendió, tenía toda la cara amoratada y la nariz, sin ánimo de guasa, como la de un payaso de luto. Que barbaridad!! Qué le ha pasado Herminia?, le pregunté seguido de los buenos días. -Ay, Antonio, no quiero ni acordarme del mal rato que pasé!! -me respondió- Anteayer me caí. Tropecé al subir el escalón de la entrada del bloque y no sé cómo no me maté. Yo creía que me había partido la cabeza por la mitad de lo que me dolía. Menos mal que los vecinos acudieron a socorrerme, si no no sé ni cómo me hubiera podido levantar del suelo.

Herminia es una anciana septegionaria que vive sola desde que se quedó viuda hace varios años, aunque la visitan a menudo su hijo y dos nietos ya mayores. Entró a comprar almendras garrapiñadas, "rracapiñadas" le llama ella. - Dame dos bolsitas de "rracapiñadas", son pá mis nietos. A ver si les gustan, si no tendré que comérmelas yo. La gente joven no come nada más que porquerías. No quieren más que chucherías, como tienen de tó... Si hubiesen pasado el hambre que yo pasé cuando era chica ya verías tú como sabían apreciar las cosas buenas de siempre- Agarró su carrito después de pagarme y se marchó. 


A la salida coincidió con una pareja de chicos adolescentes del barrio, también son clientes de a diario. Gentilmente dejaron a la anciana que saliera y después entraron ellos en el local. Compraron lo de casi siempre. Algunas gominolas y snacks. Lo de esta pareja de entre 15 y 16 años me agrada. Digo pareja porque se nota que existe entre ellos algo más que una simple amistad, también se les aprecia una cierta complicidad más íntima,  más sentida y compartida. No conozco sus nombres pero por sus rasgos y manera de hablar diría que uno de ellos es ecuatoriano, algo más bajito y delgado que su compañero con acento nativo, más fuertote y tímido. Los dos son morenos de cabello. El más bajito pide casi siempre, pero después de consultarle a su amigo qué es lo que le apetece, a lo que la mayoría de las veces responde con un: "Lo que tú quieras". Compran lo mismo para los dos, pagan y se marchan repartiendo lo adquirido. Siempre los veo juntos y paseando tranquilos. Cualquiera diría que son de mayor edad por la manera tan discreta y seria con la que actúan.

Verlos a ellos me trajo a la memoria la noticia que había leído en un diario digital en internet, irremediablemente los comparé. Andrea era un chico de 15 años que se suicidó varios días atrás, estudiaba en un instituto cercano al Coliseo y vivía en Roma. Se ahorcó el martes pasado en su casa con su bufanda. El motivo no fue otro que el acoso que sufría por homosexual en Facebook. Su victimaria, al margen de la sociedad, fue una cobarde mano anónima que le había dedicado un perfil al "muchacho de los pantalones rosa". En un país, Italia, donde los políticos ultraconservadores y el Vaticano presionaron con Berlusconi en el gobierno para retrasar socialmente las leyes hasta extremos inimaginables, constitucionalizando la  propuesta para que la caza al gay fuera perseguida en los tribunales.  Andrea sufrió el acoso de los violentos y el silencio de los cobardes, además de la falta de auxilio por incompetencia o dejadez de los responsables. El chico de los pantalones rosa, al que me gusta llamarlo así como rechazo a los homofóbicos y apoyo a quienes aman de otra manera diferente, era un joven extrovertido que a veces acudía a clase vestido con ropa de llamativos colores y las uñas pintadas, lo que le costó burlas e insultos frecuentes de los intolerantes.

Sin embargo, según contaba la noticia, su familia defiende que Andrea estaba enamorado de una chica de su instituto, y sus amigos, los muchachos del Liceo Cavour, admiten que, "probablemente", escondía detrás de su imagen alegre y de sus pantalones rosa un profundo malestar, "un dolor de vivir". Nadie lo supo o lo quiso ver. Los más cercanos afirman que su actitud y carácter extrovertido no era otra cosa que valentía, rebeldía ante un ambiente homófobo, lo que pretendía que fuese su coraza, su vía de escape, pero no resistió y la única salida que encontró fue la de su bufanda. Después de su trágica decisión, la misma red que apretó el nudo de su vía de escape se rebela al igual que hiciera Andrea, dedicándole #ioportoipantalonirosa. 


Obra protegida bajo licencia creative commons 3.0

6 comentarios:

  1. ME ENCANTÓ ESO DE:.."probablemente", escondía detrás de su imagen alegre y de sus pantalones rosa un profundo malestar, "un dolor de vivir". Nadie lo supo o lo quiso ver.

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  2. "el acoso de los violentos y el silencio de los cobardes" ....la lucha de siempre. Muy buena crónica Antonio.

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  3. Gracias Antonio por compartir esta historia. Lamentablemente en nuestro pais, el asunto es bastante similar. No hay respeto a las diferencias, menos a la diversidad sexual.

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    1. Desgraciadamente, María, la intolerancia es una de las señas de identidad más representativas del ser humano. Gracias por leerme. Saludos!!

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