domingo, 11 de noviembre de 2012

De la ternura, el recuerdo, la esperanza y la conciencia resquebrajada

Esta semana que se nos va fue especialmente significativa para mí. En ella quedó anclada la fecha en la que abrí al público mi tienda Mogni... No, no se alejen del texto, este escrito no se trata de un anuncio publicitario, intento contarles que a partir de ahora y en adelante, y espero que por mucho tiempo, mi tienda taller de golosinas y juguetes se convertirá en el escenario principal de mis escritos semanales. Esta dedicación me ocupará la mayoría de mi tiempo y de todo lo que ocurra a su alrededor saldrán mis artículos para ¡Cúbreme la espalda! Ya tenía yo ganas de poner en funcionamiento la idea que espero me dé para vivir y para cubrir la satisfacción en lo relativo a la ternura. Nada existe más hermoso que todo lo que desprende el universo infantil, sus alegrías, sus ilusiones y fantasías, su ternura... Estar rodeado de niños es la mejor manera de hacernos mejor personas cada día, no hay duda de que la infancia nos contagia de todo lo bueno que el ser humano atesora por naturaleza y que vamos perdiendo a golpe de experiencias vividas.

Sin embargo, les diré que en mi tienda taller dedicada a los niños, son los abuelos los que más me visitan. No es nada extraño, pues así concebí el negocio. Los niños por sí solos no van muy lejos comercialmente, siempre llevan detrás a su mecenas, a sus protectores, a sus ángeles de la guarda, sus abuelos. Yo me atrevería a decir que se halla más ternura entre los ancianos que entre los nietos, ninguna dedicación es más desinteresada y tierna que la de nuestros abuelos, por el contrario, en la inocencia es fácil descubrir el egoísmo sin sonrojo ni conciencia de ello. Así como por los niños, por los ancianos tengo especial predilección, son las dos etapas de la vida en la que somos más vulnerables. Curiosamente, en las edades que más necesitamos de los demás pero que a la vez son en las que más ofrecemos a cambio. Sin niños y sin ancianos este mundo sería muy diferente, no sólo no encontraríamos inocencia y experiencia, tampoco la ternura, la ilusión y la fantasía, tan necesarias para sobrevivir.

En mi memoria particular, el primer recuerdo que guardo es el de mi abuelo Miguel, no conservo la imagen de su rostro, pero sí la de unas manos enormes, arrugadas, que me sujetaban de pie cercándome entre las piernas vestidas de pana marrón, que se sentaba sobre un banco de madera alistonado de color verde esmeralda. Mi abuelo nos dejó antes de que yo cumpliera mi primer año de vida. A esa escena tan vaga se le suma otra enlazada igual de difusa, la de mi madre que regresaba del trabajo a mi encuentro, con sus manos campesinas cansadas pero llenas de amor y ternura para cogerme y apretarme sobre su pecho, sobre su corazón rebosante de cariño. Eran tiempos duros en plena dictadura franquista, difíciles para sobrevivir, en la que mis padres sólo encontraban la manera de salir adelante trabajando en el campo. Esa circunstancia, la de mi procedencia campesina, me empujó siempre a inclinarme por los más débiles, por las clases sociales más pobres y necesitadas, pero tan honorables y dignas como cualquiera otra. No se me puede ni debe olvidar, está arraigado para siempre en mi conciencia el pertenecer a esa clase tan honrosa, la de los campesinos, por eso me duele especialmente y en demasía algunos episodios que suceden. Aunque lejanos en la distancia, se hallan tan cercanos en la complicidad que siento y comparto por ello el dolor y la indignación. 


En esta semana, el miércoles por la noche ocurrió un lamentable e indignante suceso en Colombia que trajo consigo los fantasmas sangrientos del pasado. Nueve hombres y una mujer, todos campesinos, fueron asesinados en la finca donde trabajaban, en un municipio de Antioquia. Después de terminar la jornada laboral unos desconocidos irrumpieron en el lugar y asesinaron a las diez personas. Una jornada dura de trabajo en el municipio de Santa Rosa de Osos, dedicada al cultivo de árboles frutales y tomates para la exportación, que les premió con la recompensa de ser vilmente asesinados. Vil, cruel y perversa conciencia la de estos tres asesinos, que no se conformaron con fusilarlos sino que, además, para asegurarse de que su siniestra fechoría obtenía resultado, les lanzaron una granada de mano cuando se encontraban yacentes. Las sospechas recaen sobre un grupo paramilitar. Los asesinos reunieron a los campesinos en la entrada de la casa principal de la finca, les preguntaron si habían pagado una extorsión y como no supieron responder, les dispararon.

Por otro lado, también en el ámbito rural y entre el campesinado, me satisface comprobar que no todo es tragedia, esfuerzo y poca recompensa por el arduo y a veces penoso trabajo de labrar y cultivar la tierra. Los tiempos cambian y en ocasiones lo hacen cargados de esperanza, con aires de renovación, de transformación entre lo establecido, normas que casi siempre dejan a las mujeres en el escalafón más bajo de entre los peldaños sociales. Me reconforta el empeño que ponen las mujeres campesinas del Perú por conseguir un derecho natural usurpado desde siempre. Los sexos no deben de ser excusas ni influir en los derechos de herencia. Rosa Ojeda destaca entre las mujeres campesinas peruanas diciendo que no son propiedad de nadie, que no son animales. Esta mujer se alza como representante de la campesinas que luchan por el derecho a ser dueñas de las tierras que trabajan que por tradición heredan los hombres. Su defensa ha derivado en una lucha por la igualdad de derechos en su país, una tarea encomiable para los que como yo creemos en la igualdad de derechos entre todos los seres humanos, sin condición de razas, sexos o religión.

6 comentarios:

  1. Tu tienda es una gran idea fecundada en el corazón. ¡Ostras! ¡creo que me ha quedado muy cursi! Si cundiese tu ejemplo en este mundo solo existiría la paz.

    ResponderEliminar
  2. Antonio, leo tu blog y pienso en como nos marca la infancia para toda la vida. Excelente tu virtud de enhebrador de historias a partir del contacto con el público que es tan enriquecedor.
    Gracias por compartirlo.
    María Julia.

    ResponderEliminar
  3. Hola Antonio, como siempre muy enriquecedores tus escritos, para sensibilizar nuestros recuerdos, y crear conciencia de la maravilla de los niños, mucha gente no les da importancia a sus lindas pláticas y en verdad se pierden de escuchar criterios muy interesantes, ellos de mente sin congojas, muchas veces nos dan tremendas lecciones, qué lindo que el estado natural de ellos es una sonrisa y no tener temor. Y me impresionas un poco, poco solamente, de que con menos de un año de edad, guardaste el recuerdo de tu abuelo, y te digo que solo un poco, pues yo recuerdo las gelatinas que dieron en mi fiesta de un año, y no me creen, en fin. En lo triste de lo ocurrido con los campesinos, es algo realmente triste, gente buena y que sirve, se le debe valorar, respetar y cuidar, pues son la base de nuestro sistema de consumo de alimentos, dar gracias que por su esforzado trabajo, yo solo entro en la tienda de al lado y obtengo mis frutas y verduras para mi alimento diario. Que tengas un excelente inicio de semana. Tu amiga Angélica.

    ResponderEliminar
  4. Gracias María Julia. Gracias Angélica. Entre los seres humanos está comprobada la característica de que a cuanto menos edad más capacidad tenemos de captar y asimilar todo lo que sucede a nuestro alrededor. En la memoria nos quedan amarrados para toda la vida pasajes vividos, que no siempre son determinantes o importantes. Un ejemplo son los abuelos con demencia senil, terminan por confundir la realidad con sus recuerdos en etapa infantil.

    ResponderEliminar
  5. María Isabel Rodríguez19 de noviembre de 2012, 19:51

    Me dejó un sabor dulce-amargo este artículo. Mil felicidades y los mejores augurios de éxitos para tu tienda, Antonio.

    ResponderEliminar

Sea respetuoso!! Esa será la única condición para que los comentarios aparezcan publicados en el blog.