viernes, 12 de octubre de 2012

Por la parte que nos toca

No hay nada más hermoso y contagiosamente alegre que la algarabía que se forma a las entradas y salidas de los colegios. Especialmente cuando se tratan de párvulos. Cada día tropiezo con varios centros de estudio para menores que se cruzan en mi camino y créanme que solo pasar entre tanto alboroto me cambia el ánimo para toda la jornada. Vale la pena hacer todo el esfuerzo que sea posible por dejarles a estos inocentes alborotadores un mundo mejor, al menos que supere o iguale al que recibimos de nuestros padres, en el que puedan desarrollarse como personas libres y donde encuentren las condiciones necesarias para seguir contribuyendo a hacer de esta especie humana a la que pertenecemos una más respetuosa con el hábitat que nos acoge y con tantas otras especies y seres vivos con quienes lo compartimos.

No obstante, y por muy tierna y comprometida que me haya quedado la introducción, no es una declaración de intenciones lo que pretendo reflejar en este escrito semanal que me ayuda a sacar mis vergüenzas ajenas al aire y hacerlas públicas. No soy muy optimista en cuanto al futuro. No solo por la salud de este planeta, que vamos desgastando y deteriorando a pasos agigantados, sino por la educación y enseñanzas que proyectamos en estos hombres y mujeres del futuro no muy lejano. Los niños no son un juguete o mascota que como cacatúas enseñamos a hablar y a moverse con impulsos idénticos a los nuestros, tratando de moldearlos a modo que cubran nuestras carencias, defectos y complejos. Ni tampoco son moneda de cambio ni piedra arrojadiza que como arma se utilizan entre parejas malavenidas, los niños tienen derecho a disfrutar de sus derechos y al respeto de ser escuchados. Por la parte que nos toca, es responsabilidad nuestra la de salvaguardar su indefensión así como mostrarles los caminos que les eviten riesgos innecesarios, jamás tenerlos como concepto de propiedad.

A lo largo de la semana, en varias ocasiones pensé que esta reflexión  estaría dedicada a la Hispanidad, a sus pros, que también los tiene, y a sus contras que son muchas más de las que yo hubiera deseado. Pero, encontrarme con varias noticias relacionadas con niños y niñas de diferentes latitudes con la injusticia como referencia o relación en común, me ha convencido de que nada tiene mayor importancia que contribuir por el bien de la infancia, aunque sea de la manera más humilde, prestándole mi escrito en su defensa y apoyo. Quizás esta sea la mejor forma de luchar contra nuestros particulares demonios, la de educar a nuestros descendientes para que no caigan en los mismos errores que otros antepasados nuestros cayeron y no vuelvan a repetirse episodios históricos que nos avergüenzan, como los relativos al genocidio y abuso que sufrieron los pueblos indígenas americanos en la conquista del continente.


No creo que haya muchas personas en el mundo, aunque me consta que las hay, que queden indiferentes e inmunes ante el sufrimiento de un niño cuando se está cometiendo contra él alguna injusticia palpable, evidente. Por desgracia es algo muy común y cotidiano ver cómo los menores sufren y sus derechos se pisotean sin remordimiento ante la más pura indefensión, teniendo a veces a sus agresores dentro de su propia familia e incluso con la complicidad de la justicia como percusor. Ayer mismo me ocurría viendo unas imágenes en televisión, un sentimiento opuesto al que me produce la algarabía infantil a las entradas de los colegios. Impotencia mezclada con una expresión insultante, que me ayudó a desahogar momentáneamente mi rabia por el padecimiento del menor de 10 años que la policía detenía y se llevaba en contra de su voluntad para entregárselo a su padre, con el que no quería ir por autoritario.

El vídeo pone los pelos de punta. Las imágenes caseras muestran la escena del niño agarrado de pies y manos por varios policías de paisano, arrastrándolo por el suelo y con el trato acostumbrado que vemos contra los delincuentes. Mientras que los funcionarios policiales tratan de meterlo en la patrullera y el chico intenta escaparse pidiendo ayuda a su tía, ésta, cámara en mano, graba lo acontecido al tiempo que pide que no le hagan daño- ¡Parecéis la gestapo!- clama entre gritos. Un canal de televisión italiano ha hecho pública la grabación y la indignación popular ha recorrido el país de punta a punta.

Desde hace varios meses los agentes sociales habían intentado llevarse al niño de casa de la madre, a quien le retiran la custodia a instancias del padre, pero no lo conseguían. El chico se escondía debajo de la cama y no salía de su refugio hasta verse a salvo tras haberse ido los agentes. Sin embargo, el juez ordenó que secuestraran al menor en un lugar neutro, para facilitar la detención, así que eligieron la puerta de la escuela pública elemental a las ocho de la mañana. Con lo que no contaban los secuestradores legales es que las cámaras de sus familiares maternos estaban al acecho y el mundo entero ha podido ver en vivo y en directo otra injusticia más contra un menor, al que se le niega el derecho a decidir con qué progenitor y dónde quiere vivir.

http://www.youtube.com/watch?v=VcKca2zZp8c 

Obra protegida bajo licencia creative commons 3.0

1 comentario:

  1. Cada vez que veo un niño vestido de uniforme, pienso que los estudiantes deberían ser la cosa más sagrada de la sociedad.

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