viernes, 22 de julio de 2011

Contratiempo inesperado


Ni que decir tiene que ninguno de los seres vivos de este planeta somos dueños de nuestro propio futuro, ni siquiera de nuestros actos en el presente o en el pasado. No somos dueños de nada, si acaso de sueños, deseos y esperanzas, que no son más que intenciones, a veces buenas y otras, aún creyéndolas así, no tanto.

Nuestras existencias siempre andan al límite de lo que a la caprichosa providencia se le antoje, es por eso que quizás la consecución de nuestras metas siempre deberían de ser motivo de alegría, hasta de júbilo me atrevería a decir, porque ese es el regalo, lo especial. La lógica se halla en la parte negativa en partes proporcionales muy elevadas.

Más fácil de entender sería hacerlo con el cuento de la lechera, rara es la vez que no se nos acaba por caérsenos la cántara y quedar como líquido derramado por el suelo nuestros esfuerzos y las expectativas de futuro. Y con esto siempre va acompañado de dos frases hechas, dependiendo para quién, si beneficiados o perjudicados: "Mal de muchos consuelo de tontos" o "No hay mal que por bien no venga". Quien no se conforme es porque no quiera.

Esto han debido de pensar los defensores y detractores del populista dictador venezolano y padre del revolucionario movimiento bolivariano Socialismo del siglo XXI. Qué paradoja, si Bolívar pudiera expresarse al respecto...


No seré yo quien se alegre del mal de nadie, ni siquiera del dictador, sería catalogarme en el sentimiento más vil, ruin y miserable de cuantos expresa el ser humano. No es ese mi sentimiento. Sin embargo, y no siendo la salud del dictador el tema central de esta reflexión, las repercusiones que inesperadamente presentan la salud del dirigente venezolano llegan más allá de lo que el propio interesado o padeciente de la enfermedad hubiera calculado. Probablemente, de todos a cuantos peligros estuvo expuesto éste fue el que menos pensó que pudiera truncar sus planes de futuro. Porque una cosa queda clara, el futuro no existe, somos nosotros los que lo proponemos y la providencia la que decide.

Por las declaraciones recientes ante la OEA, del ex embajador de los Estados Unidos Roger Noriega, en las que afirma que Hugo Chávez sólo tiene el 50% de probabilidades de sobrevivir por más de 18 meses, se podría decir que la cántara de la lechera que sostiene y mantiene a la revolución bolivariana se tambalea. Tanto es así que, si no sucede un resultado médico milagroso, el futuro del Socialismo del siglo XXI comienza a tornarse oscuro. A veces el peligro está más cerca de lo que uno cree y mucho más lejano de lo que se pueda imaginar. Siempre señalando a las fuerzas oligarcas, al imperialismo, a los enemigos externos, y resulta que quien realmente pone entre la espada y la pared al comandante es un tumor del tamaño de una pelota de beisbol en el colon.

La realidad cambia la estrategia y seguramente con ella las reglas del juego revolucionario bolivariano. El chavismo se pone en verdadero peligro con la posible pérdida de su líder. Es cierto que la enfermedad del gobernante le ha beneficiado en cuanto a simpatía, un sentimiento efímero que ha comenzado con su cuenta atrás. Es por eso que la maquinaria revolucionaria ha iniciado el trámite de sucesión, en el que mejor colocado se encuentra el propio hermano del dictador, Adán Chávez, quien está bien visto por su hermano pero no se sabe con certeza si también por los ciudadanos venezolanos.

Según Noriega, Adán tiene la confianza de Fidel Castro y de los dos narcos-generales, Henry Rangel Silva, ministro de Defensa, y Hugo Carvajal, actual director de inteligencia militar. Más que por la salud de Chávez, conscientes de una posible muerte repentina, las prisas se presentan a la hora de diseñar una sucesión que sea capaz de mantener el poder y eludir el ajuste de cuentas. En un escenario en el que la oposición se encuentra ante una posibilidad real de ganar las elecciones planeadas para diciembre del 2012.

Pero los rejos del pulpo bolivariano influyen en la lejanía, se alargan hasta otros países y dirigentes que apostaron por la ayuda venezolana en contra de otras alternativas y contra la aprobación de sus ciudadanos. Este es el caso de Nicaragua y Daniel Ortega, el que, supongo, que viendo cómo las barbas de su aliado y protector se preparan para ser cortadas, las suyas ya estará pensando en ponerlas a remojar.


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