sábado, 30 de abril de 2011

Fantasía y confusión

¡Antoñínnnn...! Gritaba mi abuela llamándome a grito partido, a mitad de la calle, desde donde vivíamos a donde yo jugaba con los cinco sentidos puestos en el entretenimiento. Miraba hacia ella y a lo lejos veía su redonda figura vestida de negro impoluto, sólo los discretos cuadritos grises del delantal rompían su enlutada y rotunda estampa, gesticulando con el brazo derecho en alto indicándome que fuera hacia ella, el izquierdo en jarra y el pelo canoso enroscado en un moño bajo. Era la hora de recogerse, la que daba fin a la jornada. Las tardes-noches de mi infancia veraniega las recuerdo jugando con los amigos vecinos, alrededor de un poste de alumbrado que sostenía una tenue bombilla sembrada de mosquitos en su baile casi litúrgico de cada oscurecer.

Aquella hora gestionaba el cambio de turno de los habitantes del pueblo, que sacaban sus sillas y mecedoras a las puertas de las casas buscando la suave brisa que pudiera ofrecer el caluroso verano. Al tiempo, a la luz de la bombilla y la humedad de la calle regada, la fauna menor salía de su aletargado descanso. Los mosquitos primero y tras ellos sus depredadores, salamanquesas y murciélagos especialmente. Los mamíferos revoloteaban sin descanso alrededor de la luz sembrada de insectos.

Mi abuela me mentía, me asustaba para persuadirme y que no me hiciera el remolón cuando ella me llamaba cada tarde. Me decía que los murciélagos eran ratones con alas y que mordían a los niños en las orejas cuando llegaba la noche. Yo lo recordaba y al verlos revolotear corría tras la pelota con las manos cubriéndome las orejas, para que no me las mordieran los vampiros. Doy por seguro que mi abuela no llegó a saber nada sobre el conde Drácula, sobre el personaje de ficción que creó Bram Stoker en 1.897, un año antes de que ella naciera, de haber conocido su existencia estoy seguro que también hubiera explotado al personaje para persuadirme.

Aquella fantasía se tornó confusión y tuvieron que pasar los años para que mi concepto sobre los murciélagos cambiara, por supuesto para bien. Son los llamados insecticidas naturales o biológicos, pues sólo se alimentan de mosquitos y orugas de la "procesionaria", dos bichitos muy dañinos para el ser humano y su entorno, los primeros nos transmiten muchas enfermedades y los segundos un autentico peligro para los pinos. Estos mamíferos con alas siempre vivieron con nosotros, en nuestras ciudades, escondidos en las grietas y oquedades de los edificios orientados hacia el sur, donde más les gusta tener sus nidos, para que en los meses de hibernación les lleguen los rayos de sol y no pasen frío. Pero a los humanos no nos gustan que aniden cercanos a nosotros ni tampoco el hormigón le ofrece alternativas, por eso los murciélagos se están marchando a vivir al campo.

No podemos dejar que se marchen, su presencia es muy beneficiosa para nuestra salud. Además, es bueno que sepamos que estos mamíferos voladores tienen un sentido de la amistad muy desarrollado, al igual que los humanos, los elefantes, los delfines y los chimpancés, aunque no se vean todos los días mantienen su amistad duradera.



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