sábado, 7 de mayo de 2011

La traición al origen

Sólo existe una actitud más miserable en un inmigrante que la de renegar de sus orígenes, esa es la que algunos llevan a cabo persiguiendo y criminalizando a sus congéneres. No se entiende esa bajeza moral indigna en cualquier ser humano, renegando de sus antepasados, de su cultura, es propio de infame catadura moral. Es como el cobarde que niega a su madre para salir airoso racialmente en un comparativo xenófobo.

Hace unos días manteníamos, con una amiga madrileña, una conversación en la que yo exponía la poca o nula simpatía que me producen algunos catalanes, especialmente los más nacionalistas, cuando para defender su lengua e identidad como pueblo degradaban o quitaban valor al resto de comunidades españolas. Uno puede respetar y valorar la idiosincrasia de cada cultura, lo que no siempre se tolera es que para hacerse notar culturalmente tengan que hacer uso de la prepotencia y mirar a otros pueblos por encima del hombro.


Yo exponía un ejemplo del profesor Tomás Gutler, quien decía en una entrevista para un diario nacional que: si un catalán dice "cam Jordi", para referirse a casa de, es culto, habla una lengua respetada y con historia, y causa risa si un andaluz dice "ca paco". Mi amiga, por el contrario, defendía que a ella siempre la trataron bien en Cataluña, y que sólo los hijos de la emigración son los que actúan en algunos casos de manera excluyente contra los inmigrantes.

A estos hijos sin patria le llaman charnegos, ni los acaban de aceptar los nacionalistas porque su origen es la emigración, ni sienten a la cultura de sus padres como suya propia. Esta situación de identidad apátrida se puede entender, lo que no se comprende es que para autodefensa, para ganarse el beneplácito de quienes trataron con la punta del pie a sus padres emigrantes en otro tiempo, utilicen como arma la xenofobia, poniéndose a la altura de los excluyentes.

Curiosamente, esta acomplejada manera de comportamiento parece que no es originaria de los descendientes de inmigrantes en Cataluña, también tiene su germen en otras latitudes bien alejadas. Es el caso de la senadora republicana cubano-estadounidense Anitere Flores, quien con su iniciativa ha puesto en marcha el proyecto SB2040 en el senado de Florida. Este número de referencia, que para algunos sonará a robot de La Guerra de las Galaxias, es el que exige a la policía que revise el estatus migratorio de toda persona detenida, incluso antes de ser juzgada por algún delito. En pocas palabras, se trata, como se aprobó el año pasado en Arizona, de criminalizar a los emigrantes ilegales como delincuentes.

Por suerte, para estos 600.000 trabajadores indocumentados que se calculan de los 9 millones que trabajan en Florida, no se ha aprobado, por falta de acuerdo entre los congresistas y por falta de tiempo. Por una vez parece que se pusieron de acuerdo los activistas defensores de los inmigrantes y los representantes del comercio, que rechazaban la medida por considerar que aumentaría la problemática racial en un estado principalmente hispano y perjudicaría gravemente a la economía. Por una vez la razón superó a los complejos de inferioridad de algunos intolerantes, y comprendieron que la emigración siempre es positiva, que siempre aporta a la sociedad.


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