miércoles, 4 de mayo de 2011

El despropósito verde

Como abducido por aquellos trazos, por sus tonalidades, sus expresiones, sus miradas... Casi a diario me embelesaba mirando sus cuadros, con el deseo de parecerme pictóricamente algún día en algo al maestro. Las mujeres de Julio Romero de Torres, morenas, andaluzas, representaban como ningún otro símbolo a la idiosincrasia cordobesa, incluso hasta en la economía nacional se mostraba con orgullo, en el reverso de los billetes de cien pesetas.

Triste, melancólica, hechicera y derrochando sensualidad. La Chiquita Piconera se retrataba sentada en la silla de enea deshilachada por el uso, la mano derecha agarrando la paletilla del bracero y el Puente Romano y la Calahorra al fondo, por donde tantas veces cruzaron el río los piconeros, tirando de los burros cargados de sacos de picón desde la sierra cordobesa, la morena, hasta el campo de la verdad.

La estampa costumbrista que tan simbólica y única nos parece en estos tiempo, en otros fue de uso generalizado, el maestro se limitó a pintar una escena cotidiana, eso sí, con los ojos llenos de misterio. También yo recuerdo a las mujeres, en los patios y a las puertas de las casas, encender cada día de invierno sus braceros de picón, agitando las ascuas con el soplillo de esparto, con el alegre chisporretear de las pavesas revoloteando alegres y efímeras, como luciérnagas luminosas.

Cualquiera diría que el uso del combustible energético vegetal de por aquel entonces ya apuntaba a lo que en un futuro no muy lejano significaría el despropósito ecológico de la deforestación. Posiblemente así sería, pero habría que diferenciar entre el uso y el abuso de las materias primas que nos ofrece la naturaleza para afirmarlo con rotundidad.

El consumo respetuoso y sostenible de los recursos forestales guardaba unas normas éticas que hoy se perdieron. La diferencia entre el ayer y el hoy radica en la honestidad, en la inteligencia y el respeto para con el hábitat que nos acoge. Porque no es lo mismo limpiar el campo de maleza para prevenir los incendios y aprovecharse de ello, que despalar sin sentido inmensas áreas de bosque. En todo esto las únicas que ganan son las grandes compañías madereras, mientras que los perdedores somos todos, también las generaciones venideras.


Obra protegida bajo licencia creative commons 3.0

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