viernes, 6 de mayo de 2011

Cuestión de derechos, de justicia

Cualquier sociedad que presuma de tolerante, de democrática, tiene siempre tras de sí perjuicios que le restan espontaneidad a la hora de levantar el rostro y mirar a sus conciudadanos orgullosamente. Está demostrado que cuanto más laica es una sociedad, más libre y tolerante se muestra. Las religiones han pasado a ser un incordio, un insoportable impedimento para poder desarrollar una vida plena de derechos, de igualdad y libertades. Siempre lo fueron, pero en estos tiempos que corren se hacen más latentes.

Por suerte, tantos perjuicios estúpidos, crueles, que nos inculcaban en la educación religiosa católica, se han ido cayendo, desprendiéndose de cada uno de nosotros por su propio peso. Por mucho que nos excusemos en el qué dirán, el justo respeto por las libertades de los demás termina por imponerse, no se puede ser eternamente cruel con otros colectivos presumiblemente minoritarios, porque todos formamos parte de esas minorías, todos somos parte de alguno de esos colectivos injustamente tratados, despojados de derechos por perjuicios interesados. Algún familiar, algún amigo, quizás uno mismo...

El colectivo homosexual no me es ajeno, me siento cercano, unido a él. Descubrir que una tendencia u opción sexual no era sinónimo de degradación humana, sino de otra manera de entender la intimidad, dentro o fuera de la pareja, supuso para mí un enriquecimiento a nivel personal. Los perjuicios dejaron de atemorizarme cuando comprobé que la homosexualidad no era un peligro ni nada por lo que avergonzarse, este descubrimiento me hizo sentirme mejor persona.

No es cuestión de reprimir actitudes, ni de compartirlos, es cuestión de derechos, de justicia, de igualdad. Una opción sexual no puede ser un impedimento para compartir beneficios en un sistema democrático y sí para cargar con las mismas responsabilidades de los demás.

Uno debe de sentirse orgulloso en cuanto a conquistas sociales se refiere. El derecho a poder elegir y desarrollar la vida de uno tal y como le plazca es el sentido principal, la razón primordial en este proceso de la existencia que llamamos vida, y los homosexuales también tienen ese derecho. Si miramos tímidamente hacia atrás, nos sorprenderíamos al descubrir que en todos los colectivos existían restricciones, represiones, prohibiciones, y que cada uno de nosotros somos parte de algún colectivo minoritario. Todos formamos parte del grupo general, pero a la vez todos somos parte de alguna minoría.

Me siento feliz, orgulloso, de que el género humano vaya derribando las barreras que nos impiden ser libres, mostrarnos tal como somos y como deseamos vivir. En Brasil, al igual que en Argentina el año pasado, el colectivo homosexual ha conquistado recientemente el reconocimiento a formar pareja con los mismos derechos que los heterosexuales. Sin duda es un día para estar contentos y para felicitarlos. Cuestión de derechos, de justicia social.


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