jueves, 5 de mayo de 2011

Asignatura pendiente

Siempre que paso por la Plaza del Potro, cosa que hago un par de veces como mínimo al día, me invade la sensación de tener una asignatura pendiente. El sentimiento de irresponsabilidad que me produce es fuerte, cuando miro los azulejos conmemorativos a modo de placa en la fachada del antiguo hospital, hoy museo, que fundara la reina Isabel la Católica, expresando la mención del lugar en la mejor novela del mundo y que su autor, Miguel de Cervantes, vivió en la posada de dicha plaza.

Quizás sea la impaciencia la culpable de que no haya acabado de leer El Quijote. Es un reproche continuo el que me hago cada vez que miro mis libros y veo los tomos uno y dos pendientes de devorar, con lo que me nutriría leyéndolos... Pero tengo que confesar que el castellano antiguo se me atraganta en cierto modo, que me rentiliza la lectura y hace que pierda la frescura del mensaje, aunque por otra parte tiene su lado positivo, el de servir de freno, obligando a recrearse, a tomarse con calma cada frase. Es por lo que pienso que aún me falta paciencia para disfrutarlo, al menos tengo esa excusa y una esperanza de poder cumplir la asignatura.

De igual manera me ocurre cuando miro los espigados molinos de viento que se adueñan de nuestros horizontes, a los que veo como el caballero de la triste figura veía, como gigantes, aunque con un toque de ciencia-ficción, como alienígenas que nos invaden y que parecen procrearse por momentos. Mi mirada hacia ellos es más amigable, estos armatostes aspados que giran y giran como enormes rehiletes infantiles me transmiten confianza, tranquilidad, sabiendo que son generosos y sostenibles con la naturaleza y nuestras necesidades energéticas.

Los problemas generados por el terremoto y posterior tsunami de Japón en la central nuclear de Fukushima recientemente y en Chernobyl algunos años atrás, han puesto en entredicho las bondades de la energía nuclear. El accidente ha puesto freno en la loca y desenfrenada carrera por producir energía al coste que sea, el miedo a que tanto adelanto nos haga retroceder de un estallido nos ha calmado y forzado a poner la vista en otros procesos sostenibles con la naturaleza, entre los que se incluyen los gigantes aspados.

Obligados a la recapacitación, el temor nos arma de paciencia y nos aconseja que otras energías son posibles y menos costosas... Buen momento para mirar hacia atrás y poner en orden la asignatura pendiente en la consecución energética. Sin duda son tiempos de reparo, de paciencia. Quizás también éste sea un buen momento, para recrearse en las aventuras del caballero andante y así cumplir mi asignatura personal.


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