domingo, 1 de mayo de 2011

El irresponsable encanto del desecho.

No pensaba quedarme mucho tiempo en la isla, a lo sumo quince días. Pero quizás ya estuviera todo predestinado porque ni siquiera se me ocurrió comprar el billete de avión de regreso, por más que lo pienso ahora no le encuentro sentido... Probablemente, mi subconsciente ya tenía decidido alargar el tiempo de estancia. Era mi primer viaje aéreo, y la oportunidad de conocer un lugar paradisíaco como las Islas Canarias; tenía veinte años casi recientes y unas ganas enormes de conocer, de aventurarme a lo desconocido.

Pocos días antes llamé a mi amigo Paco, él era canario y nos conocimos en la península, trabajando en un pub o bar de estilo inglés; le dije: -Paco, me paso a saludarte la semana que viene, voy de vacaciones a Tenerife. Como siempre, Paco se mostró amable y generoso, invitándome a quedarme en su casa por unos días y ofreciéndose de cicerone, para enseñarme la isla.


Aquellos quince días se convirtieron en casi siete años. Primero Garachico y después toda la isla de Tenerife me fueron hechizando, y aunque tuve varios amagos de regresar a mi ciudad, no lo hice así sucedieron acontecimientos familiares que me obligaron.

Las Cucharitas, una taberna de pescadores situada en el puerto pesquero, donde los clientes asiduos eran viejos lobos de mar curtidos en cien mil aventuras marinas, fue uno de los sitios que me convencieron a quedarme, ha buscar un empleo del que poder vivir en aquella nueva tierra.

En Las Cucharitas había un pequeño televisor portátil, en blanco y negro, que emitía en UHF y VHF, con sintonizadores al estilo de los receptores de radio. Se lo compré a José Manuel con mi primer sueldo y fue mi primer televisor en propiedad. Después he tenido algunos aparatos de televisión más, en color y de distintas tecnologías y sistemas, pal, plasma, led... pero de todos ellos, el viejo televisor es el que mejor soportó el paso del tiempo y el uso diario. Aún funciona y lo conservo como una reliquia, como un ejemplo de tecnología, nada que ver con sus semejantes fabricados en estos tiempos de avances continuos.

La irresponsabilidad en la cultura del desecho es un hecho. El usar y tirar como parte de nuestra forma de vida rompe todos los esquemas de un consumo sostenible con el medio ambiente, en el que los recursos naturales nos parecen inagotables. ¡Cuánta irresponsabilidad y censurable encanto! El consumismo ha destrozado con su ambición desmedida todos los cimientos éticos y naturales del ser humano. Me niego a seguir este suicida juego consumista, quizás por eso me dediqué profesionalmente a la restauración de antigüedades, tal vez mi subconsciente también tenga mucha culpa de eso.




Obra protegida bajo licencia creative commons 3.0

2 comentarios:

  1. no podía ser de otra manera entrañable antonio. enhorabuena por tu nuevo rinconcito. esperaré siempre tus vivencias. buen domingo.

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